El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

22 abril, 2020

Decir sí a la vida de todos



Es el nombre del documento de los obispos mexicanos ante la propuesta, difundida en medios de comunicación, de un supuesto criterio para los hospitales, en privilegiar la atención médica a favor de los enfermos jóvenes haciendo a un lado a los ancianos y pobres, ya que su vida era menos valiosa.

Esta manera de pensar, llevó a creer, en no pocas personas, que esta enfermedad había sido provocada precisamente para reducir la población de ancianos, viéndoles como una carga para la sociedad. Personalmente me cuesta trabajo imaginar algo así.

Este es el documento:

Los Obispos mexicanos deseamos exponer las consideraciones bioéticas más elementales que es preciso custodiar a causa de la pandemia Covid-19.

1. Es una obligación moral conocer y atender con información suficiente el grado de contagio que existe para así tomar las acciones preventivas pertinentes de manera oportuna. Por ello, es preciso realizar pruebas de detección, no sólo en pacientes sintomáticos, sino también de manera constante en algunas personas que sin presentar síntomas, puedan eventualmente portar el virus. Omitir realizar el diagnóstico más profundo posible sobre la expansión de la epidemia es un error de orden moral: la transparencia en materia de información que afecte gravemente el bien común exige proceder de esta manera.

2. El personal sanitario tiene el derecho de contar con la protección requerida para realizar su trabajo en las condiciones más seguras posibles. Exigir al personal sanitario atender a personas contagiadas o con posible contagio sin dotarlas de todo el material necesario para su protección no es éticamente justificable. A nadie se le puede obligar a arriesgar su salud y eventualmente la vida sin la prudente protección. La atención de la salud mental del personal sanitario, es tan importante como su salud física, por lo que habrá que ofrecerles ayuda profesional en el momento que lo requieran.

3. Es preciso hacer todo lo posible para evitar el racionamiento de los recursos biomédicos.

4. La Academia Pontificia por la Vida, nos indica con claridad:

“Las condiciones de emergencia en las que se encuentran muchos países pueden llegar a obligar a los médicos a tomar decisiones dramáticas y lacerantes para racionar los recursos limitados, que no están disponibles para todos al mismo tiempo. En ese momento, tras haber hecho todo lo posible a nivel organizativo para evitar el racionamiento, debe tenerse siempre presente que la decisión no se puede basar en una diferencia en el valor de la vida humana y la dignidad de cada persona, que siempre son iguales y valiosísimas. La decisión se refiere más bien a la utilización de los tratamientos de la mejor manera posible en función de las necesidades del paciente, es decir, de la gravedad de su enfermedad y de su necesidad de tratamiento, y a la evaluación de los beneficios clínicos que el tratamiento puede lograr, en términos de pronóstico. La edad no puede ser considerada como el único y automático criterio de elección, ya que si fuera así se podría caer en un comportamiento discriminatorio hacia los ancianos y los más frágiles. Además, es necesario formular criterios que sean, en la medida de lo posible, compartidos y argumentados, para evitar la arbitrariedad o la improvisación en situaciones de emergencia, como nos ha enseñado la medicina de catástrofes”.

5. La clasificación ordenada y justa de los pacientes, según sus posibilidades de sobrevivencia, es de carácter universal y todos los equipos de salvamento, atención pre-hospitalaria y atención hospitalaria deben conocerlo. Es previsible que en México sea preciso realizar procesos de selección de pacientes con la finalidad de asignar distintos tipos de atención. Estos procesos se deben realizar tomando en cuenta de manera simultánea: la urgencia del caso, el tipo de necesidad a atender y que los recursos asignados sean lo más beneficiosos posibles para el paciente.

6. Nunca debemos abandonar al enfermo, incluso cuando no hay más tratamientos disponibles: los cuidados paliativos, el tratamiento del dolor y el acompañamiento son una necesidad que nunca hay que descuidar.

7. Es inadmisible el abandono de pacientes o la negación del tratamiento médico correspondiente bien sea curativo o paliativo. El artículo 4 de la Constitución reconoce el derecho universal a la protección de la salud. Por ello, no es legal, legítimo ni moral el abandono de pacientes.

8. Es importante evitar toda acción que de manera explícita o encubierta pudiera ser de tipo eutanásico o conllevar ensañamiento terapéutico. La decisión prudente de los médicos y una comprensión integral de los cuidados paliativos son esenciales a este respecto.

9. Las comisiones y comités de bioética, y los organismos responsables de la emisión de guías orientativas para establecer los mejores cursos de acción clínica deben estar siempre integrados de manera realmente plural, con personal adecuadamente calificado, respondiendo a la dignidad de la persona para la toma de decisiones biomédicas, para la selección del tipo de atención médica requerida, para privilegiar a un cierto tipo de seres humanos sobre otros. Estas comisiones han de ser escuchadas para no dejar al pensamiento de una persona o de un interés o ideología particular, la decisión sobre la vida de las personas en medio de una crisis como la que vivimos. Los gestores de políticas y los médicos deberán vigilar que sus acciones no afecten a grupo vulnerables.

10. La exigencia moral originaria de amar y respetar a la persona como un fin, y nunca como un simple medio es irrenunciable. Es en momentos que debemos aprender a anunciar desde nuestra fe y desde la sola razón natural que la dignidad y los derechos humanos fundamentales no son intermitentes ni son edictos de tolerancia revocables. Toda vida humana es valiosa y ninguna debe ser sacrificada por acción o por descuido.

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