El Mañana

lunes, 16 de septiembre de 2019

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Del penal al cementerio

18 abril, 2019

Ayer, quienes venían a Nuevo Laredo con rumbo a Estados Unidos -desde Monterrey o el interior- se vieron entre filas todo el día.

Primero en la mañana en la Carretera Nacional de Monterrey a Laredo hubo un accidente de tráileres en el que una mujer perdió la vida, lo que generó un gran congestionamiento; más tarde a los federales se les ocurre armar un retén que de igual manera provocó que desde ese punto hacia atrás los vehículos fueran a vuelta de rueda, en fin, esa parte del viaje, ya sea que tomaran carretera desde temprano o después de mediodía, el trayecto de dos horas fue de tres y hasta cuatro o más.

Cuando creían que ya lo peor había pasado, al llegar a Nuevo Laredo para agarrar el Puente II, se encuentran con más filas, incluso más lentas que las de carretera, agregándole tres horas más a su viaje.

Al final, a pesar de la cercanía, ir de Monterrey a Nuevo Laredo podía tardarse de seis horas hacia arriba, ni se diga si vienen de más al interior de la república.

Para los locales el escenario no fue mucho mejor, pues se registraron -según los mismos usuarios- algunos altercados cuando foráneos se metían a la fila destinada al tráfico local, peor aun que en varios de estos casos los testigos señalan que fue con la permisiva de los tránsitos.

La familia, amigos y colegas de Gabriel Garza le dieron ayer el último adiós, incluso a quienes fueron sus compañeros presidiarios se les permitió despedirse de él, esto luego de que el cortejo fúnebre hiciera una escala en el penal e ingresaron el ataúd con los restos mortales del periodista.

Al final vimos cómo Garza salió por última vez del penal para nunca volver, lamentablemente lo hizo en un ataúd y sin poder vivir para presenciar la conclusión de su caso, pues ha sido una larga batalla de más de un año en la que había buscado su libertad y el domingo concluyó para él de forma abrupta.

Incluso dejando de lado los constantes señalamientos de que su caso es fabricado, situándolo como a cualquier otro presidiario, es una injusticia la que los familiares relatan de haber presenciado cómo las autoridades lo dejaron morir.

Cualquier interno del penal tiene derecho a tratamiento oportuno cuando su salud lo amerita, en el caso de Garza, hacerlo esperar más de una hora para autorizar su traslado a hospital y no darle oportunidad de que se efectuara en ambulancia, fue un acto que difícilmente se calificaría de otra cosa que no fuera negligencia. Descanse en paz Gabriel Garza.

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Raúl