El Mañana

lunes, 19 de agosto de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
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Desencanto

5 junio, 2019

Las elecciones acaban de pasar, y a pesar de que el INE no ha dado los resultados oficiales, ha vuelto a ganar -de manera nada sorpresiva-, la abstención, que nuevamente fue muy alta. Obviamente, el candidato ganador, lo ha hecho con una cantidad poco significativa de los votantes que lo respaldaron.

¿Por qué mucha gente no fue a votar? La fácil respuesta es el de la indiferencia, y, la más preocupante, la desilusión de muchos de los electores, que, sólo recordaron que era el día de los comicios por la ley seca.

A pesar de que el fenómeno de la falta de interés en la participación en los comicios electorales, no deja de ser preocupante los millones de pesos gastados en hacer funcionar el INE, así como las campañas proselitistas de los diversos partidos políticos.

Lo más probable de este hartazgo sea la desilusión por las instituciones, o a la pobreza de los resultados en el tejido social, donde quizás se espere demasiado de los candidatos, que en muchas ocasiones, generan más expectativas de lo que se puede realizar.

Sin embargo, esta misma crisis y desconfianza se manifiesta en el desinterés que muchos de nosotros mostramos hacia diversas causas sociales como la educación, la organización o en la misma Iglesia, donde el desinterés es la regla y pocas ocasiones la excepción.

Una conducta así nos aísla y anestesia, y en ningún momento, ninguna sociedad puede crecer cuando la mayoría de los ciudadanos desconfía de los demás, o desconfía de sí mismo, como si el pesimismo nos hiciera mejores o solucionara los problemas, cuya postergación no hace sino aumentarlos.

El pasado viernes, en Rumania, el Papa, dijo unas palabras que pueden aplicarse en nuestra realidad:

“La crisis social que estamos viviendo en nuestros días es buena prueba de ello, donde la distracción nos ha hecho acostumbrarnos o a adaptarnos a conductas inaceptables para mentes despiertas.

“Para afrontar los problemas de esta nueva fase histórica, para hallar soluciones efectivas y encontrar la fuerza para aplicarlas, hay que aumentar la colaboración positiva de las fuerzas políticas, económicas, sociales y espirituales; es necesario caminar juntos, caminar en unidad, y decidirse todos con convicción a no renunciar a la vocación más noble a la que un Estado debe aspirar: hacerse cargo del bien común de su pueblo. Caminar juntos, como forma de construir la historia, requiere la nobleza de renunciar a algo del propio punto de vista, o del interés personal específico, en favor de un proyecto más amplio, de tal manera que se pueda forjar una armonía que permita avanzar con seguridad hacia metas comunes. Esta es la nobleza básica.

“De esta manera es posible construir una sociedad inclusiva, en la que cada uno, poniendo a disposición sus propios talentos y capacidades, con educación de calidad y trabajo creativo, participativo y solidario, se transforme en protagonista del bien común donde los más débiles, los más pobres y los últimos no sean vistos como indeseados, como obstáculos que impiden que la “máquina” camine, sino como ciudadanos, como hermanos para ser plenamente insertados en la vida civil; es más, sean considerados como la mejor verificación de la bondad real del modelo de sociedad que se está construyendo. De hecho, cuanto más una sociedad se responsabiliza del destino de los más desfavorecidos, tanto más puede llamarse verdaderamente civil.

“Todo esto debe tener un alma y un corazón y una clara dirección de marcha, que no esté impuesta por consideraciones extrínsecas o por el poder desenfrenado de los más importantes centros financieros, sino por la conciencia de la centralidad de la persona humana y sus derechos inalienables. Para un desarrollo sostenible y armonioso, para la reactivación concreta de la solidaridad y la caridad, para la sensibilización de las fuerzas sociales, civiles y políticas hacia el bien común, no es suficiente con actualizar las teorías económicas, ni con las técnicas y las habilidades profesionales, aunque sean necesarias. Se trata en efecto de desarrollar, junto con las condiciones materiales, el alma de vuestro pueblo; porque los pueblos tienen un alma, tienen un modo de entender la realidad, de vivir la realidad. Volver siempre a esta alma del propio pueblo: esto hace ir adelante al pueblo”.

Menos excusas, menos indiferencia y más participación. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

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