El Mañana

domingo, 25 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Diez años de casados

6 julio, 2019

La señora le dijo a su marido: “Para celebrar nuestros 10 años de casados (Nota: bodas de aluminio) iremos a un crucero de seis días y haremos el amor todas las noches”. Ella no quería ya tener más hijos, y el esposo sufría de mareos. Fue entonces el señor a la farmacia y compró seis condones y seis parches contra el mareo. Al día siguiente la mujer le dijo: “Encontré otro crucero mejor. Dura 10 días”. Volvió el señor a la farmacia y compró 10 condones y 10 parches contra el mareo. Un día después la señora volvió a decir: “Hallé otro crucero aún mejor. Dura dos semanas”. Fue el señor y pidió 14 condones y 14 parches contra el mareo. El farmacéutico no pudo contenerse ya. Le preguntó al señor: “Perdone la curiosidad: ¿por qué coge usted tan seguido si se marea tanto?”… Doña Jodoncia iba con su esposo don Martiriano por la playa cuando vio a una mujer a quien natura había dotado con extrema prodigalidad: turgente era su busto; exuberantes sus caderas; opulentas las redondeces de sus piernas y muslos. “¡Qué barbaridad! -exclamó escandalizada-. ¡Si yo tuviera un cuerpo tan provocativo como ése no saldría jamás de mi recámara!”. Dijo don Martiriano, humilde: “Yo tampoco”… El pescador llegó de regreso al puerto llevando un colosal pez vela, el más grande que en esas playas se había visto. Lo pescó después de varias horas de fatigosa lucha, como en “El viejo y el mar”, de Hemingway. Muy orgulloso estaba el pescador haciéndose tomar fotografías junto al enorme pez cuando pasó un hombrecito que llevaba una docena de pequeños peces colgados del hilo de su anzuelo. El tipo del gran pez vela miró al otro con mirada desdeñosa. El hombrecito se volvió hacia él y le preguntó con voz de lástima: “¿Nada más uno pescaste?”… Cierta señora que iba en taxi se inquietó al ver que el taxista manejaba con extrema velocidad y en forma peligrosa. “Tome precauciones por favor -le pidió-. Soy madre de 12 hijos, y estoy esperando otro”. El taxista se amoscó. “¡Doce hijos y está esperando otro! -le dijo a la mujer-. ¿Y me pide a mí que tome precauciones?”… Un tipo le comentó a otro: “Mi esposa Madanita pesa 160 kilos. Está montando a caballo para bajar de peso”. “¿Y eso ha resultado?”, preguntó el otro. “En cierta forma sí -responde el señor-. El caballo ha bajado ya 60 kilos”… Nalgarina fue al parque a pasear a su perrita. Ahí se topó con Afrodisio, que también paseaba a su perro. En otro tiempo ella y él habían tenido amores, y decidieron recordarlos atrás de unos arbustos. Los dos perritos se acercaron y vieron la ardiente escena pasional. El perro, algo apenado, le dijo a la perrita: “No te fijes. Están haciendo lo que les dicta su instinto. Esperemos nada más que no se vayan a quedar pegados”… Eglogio, mozo campesino, casó con Addy Poza, mujer de la ciudad. Muy rica en carnes era Addy: pesaba más de 15 arrobas. Los padres del muchacho no pudieron asistir a la boda, pues el rancho en que vivían quedó aislado por una inundación, pero en una carta le preguntaron a su hijo si su flamante esposa era tan gorda como decía la gente. “Mucho más -respondió Eglogio-. Llevamos ya dos meses de casados y todavía no acabo de recorrerla toda”… La señora de don Languidio Pitocáido comentó: “Mi marido y yo tenemos cama de agua. Yo la llamo ‘el Mar Muerto’”… Dulcibella, muchacha en flor de edad, le planteó una inquietante pregunta a su mamá: “Mami: ¿qué preferirías que te dijera el médico de la familia? ¿Que estaba yo embarazada o que había enfermado de gravedad e iba a morir?”. “¡Qué preguntas haces! -exclamó la señora, desconcertada-. Claro que preferiría que estuvieras embarazada. Y rezaría mucho para que no enfermaras”. “Qué bueno que lo dices, mami -se alegró Dulciflor-. Tengo el gusto de comunicarte que tus oraciones han sido escuchadas. No estoy enferma. Estoy lo otro”… FIN.