El Mañana

miércoles, 26 de febrero de 2020

Leo Zuckermann
Juegos de poder Leo Zuckermann

Dinero y terrorismo

16 enero, 2020

A raíz del conflicto violento entre Estados Unidos e Irán
resurgió la posibilidad de que, pronto, se lleven a cabo nuevos atentados
terroristas. Uno de los asuntos interesantes del terrorismo es cuánto cuestan y
cómo se financian. Los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y
Washington mataron a 2,974 personas y cambiaron al mundo. El costo para los
terroristas que los llevaron a cabo: entre 400 y 500 mil dólares.Los bombazos
en Londres ocurridos el 7 de julio del 2005 privaron de la vida a 52
individuos. Su costo fue aún más barato: 15,600 dólares. Las células
terroristas en el mundo entero han descubierto que pueden infligir mucho daño
sin tener que gastar mucho dinero. Y para financiar sus empresas de terror
recurren cada vez más a actos criminales. Así lo revela un reporte del Congreso
de los Estados Unidos fechado el 24 de mayo del 2007.

El reporte “Terrorist Precursor Crimes: Issues and Options
for Congress” argumenta que, desde el final de la Guerra Fría, los terroristas
han recibido cada vez menos financiamiento de países que apoyan sus causas.
Además, gracias al desarrollo tecnológico, en la última década el terrorismo se
ha descentralizado en células más pequeñas, menos jerárquicas, más autónomas y
más amateurs. Estos dos factores han llevado a los terroristas a delinquir para
financiar sus actos de terror. De acuerdo a Siobhan O’Neil, autor del reporte,
las actividades delictivas van desde la venta de droga hasta el atraco de fórmulas
para infantes, pasando por la falsificación de dinero, el contrabando de
Viagra, el atraco a joyerías, las estafas en teléfonos celulares y los fraudes
a tarjetas de crédito y seguros.

El reporte es un catálogo de historias que podrían inspirar
guiones cinematográficos. Ahí está, por ejemplo, cómo Timothy McVeigh y Terry
Nichols robaron los explosivos de un depósito en Kansas y una armería en
Arkansas; con este botín luego atacaron el edificio federal de Oklahoma City
matando a 165 personas en 1995. Menos suerte tuvieron dos terroristas novatos
que querían hacer realidad el yijad 
islámico en una misión suicida en Irak; uno de ellos contrató un seguro
por un millón de dólares en Alemania y trató de cobrarlo montando un
fraudulento accidente vial, sin tener éxito.

El reporte menciona cómo ciertos grupos han construido
emporios criminales para financiarse: Hezbolá, el Ejército Irlandés Republicano
(IRA), los Tigres Tamiles y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC). Sobre este último, el estudio cita el trabajo académico de James Fearon
quien ha investigado la longevidad de las guerras civiles. En el caso de la
colombiana, que duró mucho tiempo, el investigador argumenta que las FARC se
financiaron contrabandeando bienes ilegales. Según Fearon, esta realidad borró
la línea entre el “terrorismo, banda criminal y organización guerrillera” de
las FARC.

En 2000, las FARC decretaron lo que venía siendo una de sus
prácticas: el “impuesto revolucionario”. Todo aquel que tenía una fortuna mayor
a un millón de dólares debía pagarlo o, de lo contrario, se invadían sus
tierras o secuestraban a algún miembro de la familia. Extorsión pura.
Organizaciones independientes aseguran que en 2008 las FARC mantenían cautivas
a unas 800 personas. Pero el negocio criminal más lucrativo del supuesto grupo
revolucionario fue, sin duda, la producción y comercialización de cocaína.

¿Qué podemos concluir con toda esta información? Primero, que resulta muy barato financiar una empresa terrorista de gran envergadura. Segundo, que los terroristas recurren cada vez más a actos criminales para financiarse. Tercero, que entre los terroristas, como entre los gatos, hay clases, y las FARC fueron uno de esos grupos que destacaron por el tamaño de su organización, el territorio que llegaron a controlar y la dimensión de la empresa criminal que comandaron.

Twitter: @leozuckermann