El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

Domingo de Ramos

10 abril, 2019

Estamos por iniciar los días santos. Para nosotros los creyentes, vienen a recordarnos nuestras debilidades, y, más importante que ello, la fortaleza de Dios que cubre nuestras debilidades. En que más que lamentarnos de ellas, volvamos nuestro rostro al Señor que las supera.

En estos días en que, pareciera que hemos perdido la confianza en la humanidad ante el deterioro ecológico y social, ante el cinismo en que muchos de nosotros hemos argumentado para sacar lo peor de nosotros mismos.

Cada Semana Santa es una oportunidad que tenemos de reflexionar que sí tiene sentido no darse por vencido. De que, aun en los peores momentos, la luz puede brillar en nuestro futuro si nos lo proponemos. Que no hay causas perdidas.

El pasado 9 de marzo, el Papa lo dijo así:

“El amor de Dios es siempre más grande de lo que podemos imaginar, y se extiende incluso más allá de cualquier pecado que nuestra conciencia pueda reprocharnos. Es un amor que no conoce límites ni fronteras; no tiene esos obstáculos que nosotros, por el contrario, solemos poner a una persona, por temor a que nos quite nuestra libertad.

“Sabemos que la condición de pecado tiene como consecuencia el alejamiento de Dios. De hecho, el pecado es una de las maneras con que nosotros nos alejamos de Él. Pero esto no significa que Él se aleje de nosotros. La condición de debilidad y confusión en la que el pecado nos sitúa, constituye una razón más para que Dios permanezca cerca de nosotros. Esta certeza debe acompañarnos siempre en la vida. Las palabras del Apóstol son un motivo que impulsa a nuestro corazón a tener una fe inquebrantable en el amor del Padre: ‘En caso de que nos condene nuestro corazón, [pues] Dios es mayor que nuestro corazón’ (v. 20).

“Su gracia continúa trabajando en nosotros para fortalecer cada vez más la esperanza de que nunca seremos privados de su amor, a pesar de cualquier pecado que hayamos cometido, rechazando su presencia en nuestras vidas. Esta esperanza es la que nos empuja a tomar conciencia de la desorientación que a menudo se apodera de nuestra vida, como le sucedió a Pedro, en el pasaje del Evangelio que hemos escuchado: ‘Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: Antes de que cante el gallo me negarás tres veces. Y saliendo afuera, lloró amargamente’ (Mt 26,74-75). El evangelista es extremadamente sobrio. El canto del gallo sorprende a un hombre que todavía está confundido, después recuerda las palabras de Jesús y por último se rompe el velo, y Pedro comienza a vislumbrar, a través de las lágrimas, que Dios se revela en ese Cristo abofeteado, insultado, renegado por él, pero que va a morir por él.

“Pedro, que habría querido morir por Jesús, comprende ahora que debe dejar que muera por él. Pedro quería enseñar a su Maestro, quería adelantársele, en cambio, es Jesús quien va a morir por Pedro; y esto Pedro no lo había entendido, no lo había querido entender.

“Pedro se encuentra ahora con la caridad del Señor y entiende por fin que Él lo ama y le pide que se deje amar. Pedro se da cuenta de que siempre se había negado a dejarse amar, se había negado a dejarse salvar plenamente por Jesús y, por lo tanto, no quería que Jesús lo amara totalmente.

“¡Qué difícil es dejarse amar verdaderamente! Siempre nos gustaría que algo de nosotros no esté obligado a la gratitud, cuando en realidad estamos en deuda por todo, porque Dios es el primero y nos salva completamente, con amor. Pidamos ahora al Señor la gracia de conocer la grandeza de su amor, que borra todos nuestros pecados.

“Dejémonos purificar por el amor para reconocer el amor verdadero”.

Participemos pues en los días santos, que es mucho, muchísimo más que un ramo, una vela o agua. A los que solemos darle más importancia y, en no pocas ocasiones, hacen más mal a los creyentes, pues lo reducen a amuletos y dan a ellos un uso supersticioso. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

Patrick

Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

5,000 pesos

Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

2050

Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

La soledad