El Mañana

domingo, 22 de septiembre de 2019

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Domingo rojo en Laredo

19 agosto, 2019

Ayer fue uno de los días más sangrientos que haya vivido Laredo recientemente; en un solo día dos asesinatos con 10 horas de diferencia pero curiosamente en el mismo domicilio.
A pesar de lo grave y peculiar de esos homicidios, pasó un tanto desapercibido, pues fue opacado por el severo accidente en la I-35 que dejó (hasta el cierre de esta edición) dos personas fallecidas y varios heridos.
El percance fue captado en fotos y videos desde muchos ángulos por decenas de ciudadanos que pasaban o se encontraban en el transitado lugar, pues ocurrió en un horario en que muchos salen a comer y de compras a los centros comerciales que se encuentran -en ambos lados- a la altura de donde ocurrieron los hechos.
Hubo en principio muchas personas que se acercaron a ayudar, pero también una gran cantidad de curiosos que en percances de gran escala sólo entorpecen el acceso y maniobras de los rescatistas.

*La marcha* contra la violencia de género realizada en CDMX tuvo eco en Tamaulipas, pues ayer en calles de Ciudad Victoria un grupo -obviamente- menos numeroso que el contingente de la capital del país, caminó mostrando pancartas de protesta y gritando algunas consignas contra el ‘patriarcado’.
Los últimos días no ha dejado de ser tema y hasta motivo de debate, la forma en que se llevaron a cabo las manifestaciones, pues si bien muchos están de acuerdo en que se eleven consignas y exigencias de manera contundente, pero en cuanto al transcurso de las manifestaciones, hay muchas opiniones divididas.
Algunos aseguran que es perfectamente excusable el vandalismo que resultó de las marchas para visibilizar las violaciones, desapariciones y tantos otros incidentes de violencia contra mujeres; han sido ampliamente difundidas las imágenes de la estructura del Ángel de la Independencia totalmente rayada así como destrozos en el marco de las protestas, pero otro segmento -tanto de hombres como mujeres- difieren de ello, no de la importancia de protestar y condenar lo que pasaron las víctimas, sino de las consecuencias al patrimonio cultural y de cómo tiene que ver una cosa con la otra.
Cada trinchera presenta sus argumentos y no parece haber intenciones de encontrar un punto medio en el que ambas partes puedan concientizarse mutuamente.