El Mañana

miércoles, 26 de febrero de 2020

Catón
De política y cosas peores Catón

Don Astasio y doña Facilisa

23 enero, 2020

La mujer y su marido peleaban todo el tiempo; su matrimonio se estaba yendo a pique. Propuso ella: “Quizá nuestro hogar se salvaría si tuviéramos un hijo”. El hombre se sorprendió. “¡Pero si ya tenemos cuatro!”. Aclaró ella: “Sí, pero yo digo uno tuyo”… Un oriental entró en el bar y le dijo al cantinero: “Quielo una culona”. “Lo siento, señor -se molestó el de la taberna-. Aquí no manejamos ese giro”. Replicó el otro: “Ah, entonces deme una Calta Blanca”… Doña Macalota le pidió a su esposo don Chinguetas que la llevara a cenar en un restorán de moda. Don Chinguetas vio los precios de la carne y luego le preguntó a su consorte: “Y ¿qué va a pedir mi regordeta esposa?”… Simpliciano, candoroso doncel, casó con Pirulina, muchacha sabidora. Al salir del templo donde la boda se celebró Simpliciano observó que todos los hombres que estaban en el atrio, y aun los que se hallaban en la plaza de enfrente, lo apuntaban con el dedo y se reían a carcajadas, algunos oprimiéndose el vientre por lo fuerte de sus risotadas. Al ver eso Simpliciano le preguntó muy serio a su flamante mujercita: “Dime la verdad, Pirulina: ¿saben ellos de ti algo que yo ignoro?”… Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a la cocinera de la casa al tiempo que le entregaba una hoja de cuaderno: “Mi suegra viene a pasar unos días con nosotros, y esta es la lista de sus platillos favoritos. Si le haces alguno de ellos mientras esté aquí inmediatamente quedarás despedida”… El gusanito exclamó con tono lujurioso: “¡Qué buena estás, mamacita!”… En seguida oyó una vocecita que le dijo: “No seas imbécil. ¡Soy tu otro extremo!”… Dos amigas estaban en un bar de solteros. Dijo una: “Debo tener cuidado, pues el licor me abre la boca y luego digo cosas que no debo”. Replicó la otra: “Pues yo debo tener aún más cuidado. A mí el licor me abre las piernas, y luego hago cosas que no debo”… Don Astasio llegó a su casa después de su jornada de 8 horas de trabajo como tenedor de libros. Colgó en una percha su saco, su sombrero y la bufanda que usaba aun en los días de calor canicular, y luego se encaminó a su alcoba a fin de reposar un poco se fatiga antes de la cena. Lo que en ese aposento contempló lo dejó frío: su esposa, doña Facilisa, estaba en ilícito concúbito con un sujeto al que se dirigía con expresiones que a don Astasio lo molestaron bastante, pues le decía “Papasote”, “Negro santo” y “Cochototas”. Salió el mitrado esposo de la habitación y fue al chifonier donde guardaba una libretita en la cual solía anotar palabras denostosas para zaherir a su mujer en tales ocasiones. En seguida regresó a la habitación y le espetó a la pecatriz el último vocablo que había registrado: “¡Herbolaria!” (Esa palabra significa “alocada, sin seso”). Luego le dijo al sujeto: “En cuanto a usted, señor mío, tendrá que responderme de esta felonía como hombre”. “Está bien, caballero -respondió el individuo muy cortés-. Nada más déjeme terminar, para no quedar mal con la señora, y luego permítame reponerme un poco para efectos de la pelea”… Un pececito le dijo a otro en la pecera en forma de globo: “Tenía razón Colón: el mundo es redondo”… La esposa de don Algón llegó sin aviso a su oficina. Abrió la puerta del privado de su marido y vio un espectáculo que la dejó sin habla: su casquivano marido y su linda secretaria estaban en ropas menos que menores haciendo apasionadamente el amor sobre el escritorio del salaz ejecutivo. Volvió la vista don Algón y vio en la puerta a su mujer. En voz baja le dijo a la secretaria: “Es mi esposa. Actúa con naturalidad”… Al terminar el primer round de la pelea Kid Grogo le dice a su manejador: “Deme sus instrucciones”. “Cómo no -respondió el mánager-. Antes que todo deja de decir: ‘¡Ay mamacita! ¡Ay mamacita!’ cada vez que el otro te da un golpe”… Pepito estaba tendido de espaldas en su cama. Mostraba evidentes señales de cansancio, pero lucía una gran sonrisa de satisfacción. La linda chica que sus papás habían contratado para que lo cuidara mientras ellos iban al cine les dijo: “No se imaginan todo lo que hice para que se durmiera, pero ni así”… La amiguita del señor casado vio con sorpresa que el hombre tenía tatuada una cigüeña en su parte de varón. Le dice él: “No te fijes. Me la hizo tatuar ahí mi mujer, según ella para asustar a mis amigas”… FIN.