El Mañana

viernes, 20 de septiembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Don Mininio

15 junio, 2019

“¡Bésame! -le pidió ella con anheloso acento a su galán-. ¡Bésame lleno de pasión y seré tuya para toda la vida!”. “No exageremos, linda -acotó él-. Te besaré solamente para que seas mía este fin de semana”… La señora le dijo al juez de lo familiar: “Mi marido me engaña”. Inquirió el letrado: “¿Cómo lo sabe?”. Explicó la mujer: “Mi hijo no es suyo”… Tetonina Pompona, de profesión vedette, le mostró a una amiga el retrato de su más reciente novio. Era un vejete mal encarado, ceñudo, de gesto avinagrado. Comentó Tetonina: “La foto no lo favorece mucho. No se le ve la cartera”… Don Chinguetas, inspirado por tres o cuatro libaciones -o cinco, o seis, o siete-, llamó por teléfono desde el bar a doña Macalota, su consorte, y le advirtió engallado: “¡Prepárate a hacer el amor dos veces seguidas!”. Preguntó ella: “¿Vienes con algún amigo?”… Uglicia, ya lo sabemos, es bastante fea. Su marido fue a la consulta del doctor Ken Hosanna. Después de examinarlo le informó el facultativo: “Le tengo dos noticias: una mala y una buena. No deberá usted hacer el amor con su esposa por un largo tiempo”. Preguntó el hombre: “Y, ¿cuál es la mala noticia, doctor?”… Don Terebinto llegó a su casa anticipadamente de un viaje, y pese a que eran apenas las 5 de la tarde encontró a su mujer en la cama sin otra cosa encima que un moño en la cabeza. A más de eso oyó ruidos extraños en el clóset. Fue derechureramente hacia él, lo abrió y vio dentro a un individuo. Hecho una furia el cornígero señor llenó a su esposa de invectivas y baldones. Replicó ella: “Tú tienes en el clóset tus palos de golf, tu raqueta de tenis y tu bola de boliche. ¿Y yo no puedo tener nada ahí?”… La cazadora de fortunas logró pescarse un riquísimo petrolero texano, que además era hombre joven, guapo y musculoso. La noche de bodas la desposada se sorprendió agradablemente al ver que su flamante maridito se había hecho tatuar el nombre de ella en su atributo de varón. Explicó el petrolero: “Me pediste que mi mejor propiedad la pusiera a tu nombre”… La recién casada leía en voz alta una receta: “Tome los materiales y agítelos con suavidad hasta que alcancen el máximo grado de calor. El resto se hará solo”. “¡Mira! -le dijo muy contenta a su maridito-. ¡La misma receta puede servir también para otra cosa!”… Un comerciante le advirtió a otro: “Ten cuidado con Mercuriano. Sus cheques son buenos ciudadanos”. “No entiendo -se desconcertó el otro-. ¿Por qué dices que sus cheques son buenos ciudadanos?”. Precisó el comerciante: “Siempre botan”… “No puedo confiar en mi padre -se quejó con sus compañeros el muchacho que había llegado de otra ciudad a estudiar en la Universidad-. Le pedí que me enviara dinero para comprar una nueva laptop, y me mandó una nueva laptop”… Don Mininio, pacífico señor, caminaba por la calle cuando oyó un fuerte vocerío como de temor o alarma. Alguien le dijo apresuradamente que un loco furioso había escapado del manicomio. A la vuelta de una esquina don Mininio se topó de manos a boca con el orate. El alienado clavó en él una siniestra mirada que hizo que el asustado señor echara a correr a todo lo que daban sus piernas. El individuo empezó a perseguirlo. El infeliz señor apresuró su desatentada carrera. Todo inútil: el loco lo siguió con paso aún más veloz. Le pisaba ya los talones. Don Mininio, desesperado, se metió en un callejón. ¡Horror! ¡Era un callejón sin salida! El loco, viendo que su víctima no tenía escapatoria, se acercó a él paso a paso. El pobre señor, aterrorizado, de espaldas contra la pared, lo vio venir. Llegó el orate, le puso una mano en el hombro y le dijo con una sonrisa de triunfo: “Tú la traes”. (¡El tontiloco estaba jugando a la roña!)… FIN.