El Mañana de Nuevo Laredo

Catón

De política y cosas peores

Catón

8 agosto, 2020

Don Senilio, añoso caballero



La pequeña Rosilita le preguntó a su padre: “Papi: ¿tu mamá te contaba cuentos?”. Respondió el papá: “No, hijita. Pero tu mamá sí me los cuenta”. Quiso saber la niña: “¿Cuáles cuentos te cuenta mi mami?”. “Bueno -contestó el señor-. Por ejemplo, anoche me volvió a contar el cuento de que le dolía la cabeza”… Aquel infeliz tipo estaba en una cama de hospital vendado de los pies a la cabeza igual que momia egipcia. Lo interrogó un oficial de policía: “¿Puede usted describir al hombre que lo golpeó?”. “Claro que puedo -respondió con feble voz el lacerado-. Precisamente por estarlo describiendo me golpeó”… Don Senilio, añoso caballero, pero todavía con pujos de galán, cortejaba discretamente a la señorita Himenia, célibe otoñal. Una tarde la visitó en su casa y le llevó de regalo un kilo de papas y un cartón de huevos. El obsequio desconcertó bastante a Himenia: ella esperaba flores y chocolates. Agradeció el regalo, sin embargo, conforme a las reglas de buena educación aprendidas en el colegio de las madres matildanas, y seguidamente le ofreció a su visitante un ambigú consistente en una copita de rompope con empanaditas de cajeta. Acabado el piscolabis don Senilio tuvo un atrevimiento. Dejó el sillón donde se hallaba y se sentó sin más en la otomana al lado de la señorita Himenia. Consumada esa maniobra le pidió un beso. “Permítame el supremo goce, amiga mía -le dijo con untuoso acento- de libar en sus labios las inefables mieles del amor”. Ella se negaba a permitir tal libación. Y una y otra vez rechazó a don Senilio, que estiraba el cuerpo para llegar al anhelado paraíso. En vano insistió en su demanda el provecto amador: Himenia le opuso una resistencia adamantina. Finalmente don Senilio hizo una sugerencia. “Arrojemos una moneda al aire -le propuso-. Si sale águila haremos lo que yo quiero. Si sale sol haremos lo que no quiere usted”. A esa insidia respondió la señorita Himenia con una negativa que aprendió cuando era niña. Le dijo a don Senilio: “Pitos de calabaza”. Y ahí acabó esa amorosa historia que nunca comenzó… FIN.

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