El Mañana

domingo, 15 de diciembre de 2019

Porfirio Muñoz Ledo
Bitácora republicana Porfirio Muñoz Ledo

¿Dónde quedó el Comando Supremo?

2 noviembre, 2019

Todas nuestras grandes transformaciones tuvieron como jefes
a civiles que encabezaron ejércitos populares –Hidalgo, Juárez, Carranza-. La
felonía de Victoriano Huerta contra Madero desató el proceso revolucionario que
dio origen a un sinnúmero de movimientos armados, eficaces pero efímeros. El
intento de sublevación en torno a
Adolfo de la Huerta al término
del gobierno de Obregón,
inspiró la tarea del General Calles, encomendada a Joaquín Amaro, de construir
un sólo ejercito y profesionalizarlo. De ahí la doble denominación del General
Secretario empleado hasta ahora. Luego aparecieron la Marina y la Fuerza Aérea
unificadas en un comando único bajo el mando supremo del Presidente de la
República.                  

Este conjunto de hechos nos diferenció políticamente de los
países de América Latina y fue una clave mayor de la estabilidad y desarrollo
de México. Preparó además el advenimiento del “civilismo” promovido por el
General Cárdenas al separar
“al ejército de la
política para consagrarse al cumplimiento de su misión”. Más tarde los
generales Juan Andreu Almazán y Miguel Henríquez Guzmán se enfrentaron
electoralmente a los “gobiernos revolucionarios”, pero al final no optaron por
el camino de las armas.

Comenzó así la era del prestigio civil de los militares
expresado en la admiración del pueblo por la maestría y elegancia de “sus”
soldados en los desfiles. Estas fuerzas se acreditaron además por sus labores a
favor de la sociedad: desde el reparto agrario, las tareas de salvamento y
reconstrucción en casos de desastres naturales; el resguardo de las casillas y las
boletas electorales o la distribución del Libro de Texto Gratuito. En cambio la
represión y la Guerra Sucia se ejecutaron preferentemente por cuerpos
paramilitares.

La institucionalización castrense contribuyó al régimen de
partido hegemónico. Fue por ello un avance sustantivo su obediencia al poder
civil con la alternancia en el poder del año 2000. También una barbaridad
histórica que Calderón haya comprometido a las fuerzas armadas en la “guerra contra el
narcotráfico”. Incluirnos –conforme al ASPAN y la Iniciativa Mérida- en una
pieza del sistema de seguridad norteamericana. Habida cuenta de los resultados
catastróficos de esta operación, resultó más absurdo que el gobierno de Peña
prosiguiera esa maniobra desestimando la complejidad del fenómeno y sus
ramificaciones en las esferas del poder y del dinero.

Sorprenden por todo lo anterior las palabras del General en
retiro Carlos Gaytán Ochoa (subsecretario
de la Defensa con Calderón y jefe
del Estado Mayor de la SEDENA con Peña) al decir que los militares se sienten
“agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”, debido a que “los
valores” de la institución castrense “chocan con las formas con que hoy se
conduce al país”. Lo que significa una oposición expresa a la política del presidente López Obrador, a
quien suponemos reconoce todavía como Comandante Supremo de las Fuerzas
Armadas.

Además parece adelantar una doctrina militar de derecha,
cuando dice que “vivimos en una sociedad polarizada políticamente porque la
ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes
pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran
resentimiento”. Asegura que “hoy tenemos un gobierno que representa
aproximadamente a 30 millones de mexicanos cuya esperanza es el cambio” que les
permita -desde el gobierno- “subsanar un déficit del Estado para dicho sector
poblacional”. En suma, el gobierno revanchista 
de los pobres.

Afirma igualmente que “el alto mando enfrenta, desde lo
institucional, a un grupo de Halcones que podrían llevar a México al caos y a
un verdadero Estado Fallido”, sugiriendo tal vez que hay posiciones más
extremas que las suyas, por lo que habría que hacerles caso a los actuales
disidentes antes de que pierdan sus controles.

Dice finalmente, “cuidando sus palabras”, que ha “tratado de
mantenerse dentro de la disciplina a la que está obligado”, lo que debe
costarle mucho trabajo. Sin embargo, reitera su “lealtad irrenunciable a
México”. Esta invocación recuerda a los golpistas que derrocaron a la República
al grito franquista de ¡Viva España!

El general iluminado expresó su “respaldo y solidaridad”
hacia el Secretario de la Defensa “para lo que tenga a bien determinar”. Por su
parte se atribuye al General Secretario que “se tomaran medidas drásticas en
caso de que la inseguridad se agrave en México”.