El Mañana

sábado, 20 de abril de 2019

Adolfo Mondragón
Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado Adolfo Mondragón

¿Dónde quedó mi pueblo?

5 enero, 2019

Siempre me ha gustado caminar por el Centro, bueno, ahora le dicen el Centro Histórico (o histérico) sobre todo en estos días fríos en que hay menos gente en las calles y las banquetas son más transitables y sobre todo temprano en la mañana, cuando el pueblo empieza a despertar, los comercios empiezan a subir sus cortinas, los puestos semifijos (así les dicen, pero están bien fijos) echan agua en el piso y acomodan las cajas de refrescos, prenden las estufas o fogones y sus olores empiezan a llenar de humo y olores su entorno, todo se antoja, hay tacos de lo inimaginable, gorditas, burritos, en fin una oferta culinaria de antojo.
Sin embargo, cada día constato que el pueblo está cambiando constantemente, los comercios ya no son los mismos, extraño a “Lucas Vela” y su olor a jarcería, la Zapatería Reyes, con su aroma de cuero, baqueta y tinta, en el que Doña Panchita atendía diligente, volteo y no encuentro a los cines Alameda y el América. Ambos escenarios de acontecimientos como la Caravana Corona en el América y Enrique Guzmán en el Alameda; las fuentes de la Plaza Hidalgo en las que nos metíamos a corretear pues siempre estaban secas y su fuente de sodas, hoy convertida en quiosco y su sótano en bodega. Escondido atrás de taquerías y expendios de aguas frescas está la vetusta casona de madera que alguna vez albergó al consulado (¿estará?).
El Mercado Maclovio Herrera, que permanecía abierto hasta altas horas de la noche en los fines de semana atendiendo a los miles de turistas, al igual que las decenas de casas de curiosidades que poblaban toda la Guerrero, Verduzco’s, La Estrella, Vega’s. Los centros nocturnos como el Shambrock, La Roca, antes C.O. D., el Hawaian Paradise, el Tony’s Piano Bar del inolvidable Tony Lozano, el Capri, en fin, tantos negocios que le daban vida, sonido y color al Centro, todo se ha ido, sólo dejaron los recuerdos y la nostalgia, hasta los turistas se fueron.
Acabo de terminar “Vértigo Horizontal” de Luis Villoro, en el que narra su vida y experiencias en el México de su infancia y juventud, y bueno su México de hoy, es como leer la película “Roma” de Alfonso Cuarón, de alguna manera narran lo mismo, la nostalgia de la ciudad que se fue y que sólo nos dejó los recuerdos de lo que fue y fuimos. Tal vez lo más importante de ambas narraciones es su referencia a los personajes, a las personas, a los humanos; las ciudades no sólo son lo físico y material sino los humanos que las poblamos y las hacemos.
Rafael Pérez Gay, en su libro “Perseguir la Noche”, de alguna manera aborda el mismo tema: los cambios sufridos por la Ciudad de México, sólo que él se remonta a la época porfiriana y los protagonistas son los intelectuales de la época, José Juan Tablada, Ignacio M. Altamirano, Julio Ruelas Contreras, Amado Nervo y muchos otros y narra con precisión y nostalgia los cambios en los nombres de las calles sufridos, los edificios derrumbados, la voracidad de la modernidad que no respeta la historia porque evidentemente no le interesa, lo moderno se antepone a lo antiguo. Alguna vez leí del filósofo español José Ortega y Gasset, que el verdadero patriotismo es “la destrucción de la tierra de los padres y la construcción de la tierra de los hijos”. Lo grave de este aforismo es que no se queda en lo metafórico.
Igual que a nosotros en el pueblo, le ha pasado a Laredo Texas, caminar por la calle Convento y el centro ya no es lo mismo, desaparecieron las grandes tiendas, Hachar, J.C. Penney, Sears. Richters el precio fijo, el restaurante El Sarape de la inefable Panchita, Gibson, donde nos surtíamos de los útiles escolares, las joyerías Greens, la Goyesca Española, en fin todo lo que le daba vida al centro y eran nuestras tiendas, ahora han desaparecido; cuando se fueron, se llevaron toda una época, nuestra época, nuestra juventud y parte de nuestras vidas. Pero así es la vida, los cambios son inevitables y arrasan con todo aunque signifique mucho para unos, para otros no son nada.
Las ciudades crecen y cambian porque están vivas, tienen al igual que los seres humanos, sus tiempos y sus épocas, pero todo pasa. Para nosotros la mejor época fue la nuestra porque estábamos jóvenes y disfrutamos esa ciudad; ésta, la que llegó, ya no es la nuestra ni son nuestros tiempos, les pertenece a nuestros hijos y nietos, ellos la recordarán como es ahora, nosotros seguiremos añorando la nuestra, la que se fue.
Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un feliz fin de semana en familia, a ver qué le traen los Santos Reyes.