El Mañana

sábado, 16 de febrero de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Dos días a la semana

9 febrero, 2019

El cuentecillo con que estos renglones dan principio tiene un cierto tufo picaresco que el escribiente no pudo disipar. Trata de don Poseidón, granjero de estatura procerosa y gruesa complexión. Hizo un viaje por tren. Su asiento era de rejillas y el hombrón se revolvía en él continuamente. La mujer que iba al lado le preguntó, traviesa: “¿Qué le pasa, señor? ¿Por qué se agita así? ¿Está tratando de poner un huevo?”. “No, señora -replicó don Poseidón con dolorido acento-. Estoy tratando de sacarlo”… El General Store narró en la tertulia de la señorita Himenia una de sus múltiples batallas. “Aquel día mis hombres y yo luchamos a sangre y fuego contra los batallones enemigos. Al final tuvimos que rendirnos: el fuego era de ellos y la sangre de nosotros”… El juez reprendió con severidad al acusado: “Leo en su expediente que tiene usted 14 esposas, una en cada colonia de la ciudad. ¿Cómo puede hacer eso?”. Respondió el individuo: “Las visito por turno”… Munífico era el busto de Tetonia, joven mujer de ubérrimo tetamen. Bajo su sombra podían hacer su aduar dos caravanas de beduinos. Cierto día subió a un elevador, y quienes en él iban empezaron a quejarse: “No empuje, por favor”. Tetonia se defendió: “No estoy empujando. Estoy respirando”… Don Cornífero llegó de un viaje antes de lo esperado. Al entrar en la recámara la vio llena de humo. “¡Mesalina! -le dijo con acento de reprobación a su mujer-. No puedo irme un par de días sin que agarres el feo vicio de fumar. ¡Y en puro además!”… La señorita Peripalda, catequista, les narró a los niños de la escuela parroquial: “El día del Juicio Final sonarán las trompetas celestiales; retumbarán por todos los ámbitos del universo las voces de los elegidos; caerán rayos flamígeros; por doquiera se oirá el fragor del trueno y se verán los lampos fantasmagóricos de los relámpagos, cuyo rojizo resplandor anunciará el final de los tiempos. Vendrá el Supremo Juez en todo su esplendor y majestad y ocupará su trono sobre las naciones. Entonces será el llanto y el crujir de dientes”. Pepito levantó la mano y preguntó: “¿Habrá clases ese día?”… La hormiguita cedió por fin a las insistentes demandas eróticas del elefante. Antes de proceder al acto, sin embargo, le dijo: “Quiero sexo seguro”. Inquirió el paquidermo: “¿Eso quiere decir que debo usar condón?”. “No -precisó la hormiguita-. Eso quiere decir que tú abajo y yo arriba”… Don Chinguetas habló con su esposa, doña Macalota: “Vamos a cumplir 25 años de casados. ¿Te gustaría una segunda luna de miel?”. “¡Claro que sí! -respondió ella entusiasmada-. ¿Con quién?”… Avidia le pidió a su pretendiente: “Háblame de tus ideales, de tus sueños, de tus ilusiones, de tu sueldo”… Aquel recién casado le hacía todos los días el amor a su flamante mujercita. Semejante asiduidad hizo que a los pocos meses el muchacho quedara exangüe y abatido, cuculmeque y escuchimizado. Acudió a la consulta de un facultativo, quien después de un breve interrogatorio clínico dio con la causa de su debilidad. “Está usted abusando de su juventud -le dijo-. En adelante tenga sexo solamente dos días a la semana”. Tan rigurosa dieta entristeció al joven esposo. De regreso en su casa le dio la mala noticia a su dulcinea: “El doctor dice que debemos hacer el amor solamente dos días por semana. ¿Qué días quieres que lo hagamos?”. Respondió ella: “Los que terminen con la letra ese y los que acaben en o”… FIN.