El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

Durmiendo con el enemigo

12 junio, 2019

La pareja llevaba más de un mes intentando llegar a un acuerdo respecto a su difícil relación sentimental. John, de nacionalidad estadounidense, y Lupita, mexicana, no nada más eran novios desde que eran adolescentes, sino también vecinos. A pesar de que sus respectivas familias se conocían desde hace años, ninguna de las dos se tenían confianza.

La de John era millonaria y la de Lupita sumamente modesta, de allí que ésta se pasara la vida pidiéndole prestado para saldar sus múltiples deudas. Por ello, su noviazgo además de ser diametralmente desigual, siempre se encontraba en crisis con riesgo de que John, de la manera más unilateral, diera por terminada la relación.

“Es un pelado. Es un monstruo anaranjado. ¡Un verdadero psicópata! Te trata horrible, te humilla y tú sigues como si nada. No tienes dignidad, tú siempre agachas la cabeza”, le decía su familia a Lupita, pero ella se hacía de la vista gorda y continuaba sintiéndose la novia más feliz del mundo. “Yo tengo otros datos”, les decía como para justificar el maltrato de John.

El tiempo pasaba y Lupita seguía recibiendo tuits de su novio que decían, por ejemplo: “Haces muy poco, casi nada por nuestra relación, siempre tomas ventaja sobre mí”, lo cual era totalmente falso, ya que su novia hacía todo por complacerlo y cuidar al máximo su relación.

Hay que decir que Lupita tenía una estrategia, no engancharse con John y contestar sus agresivos tuits en otro tono muy distinto, incluso a aquel que le había mandado hacía más de un año: “Construiré un gran muro entre tu casa y la mía, y tu familia lo pagará”. Sin embargo, en esa ocasión, Lupita pensó seriamente en cortarlo, pero no se atrevió, dependía demasiado de John. Sin él se sentía totalmente desarmada, lo necesitaba. ¿Qué les pasaría a sus familiares y amistades sin su apoyo? Muchos de ellos, y para tenerlo contento, le mandaban aguacates, jitomates, cajas de cervezas y de partes de autos, a precios realmente irrisorios.

A pesar de todos estos cuidados, el fin de semana pasado Lupita recibió un tuit terrible. “O te deshaces de tus amigos narcotraficantes, coyotes e inmigrantes ilegales, o a partir del lunes cobro el 5 por ciento de los productos que me mandan tu familia y amigos. Te advierto que la tarifa crecerá gradualmente”.

Al leer lo anterior, Lupita se quedó helada, no obstante le contestó a John con lágrimas en los ojos. “Te reitero que quiero mantener buenas relaciones contigo. No pelearé. Amor y paz”. La verdad es que a su novio estas palabras de amor lo tenían sin cuidado.

Al no tener una contestación satisfactoria de parte de su novio, Lupita decidió escribirle una carta: “Mi amorcito. Te quiero decir, con todo respeto y de una manera muy concreta, que debemos de dialogar civilizadamente. Me sabes débil, pobre y con muchas limitaciones, sin embargo, no soy cobarde. Siempre he pensado que lo único que triunfa en la vida es el amor. No soy vengativa. No es mi carácter. Ya no te enojes por favor, ni me hables tan golpeado en tus tuits.

Aunque me digas una y otra vez que no me necesitas, yo no podría vivir sin ti. Te prometo, mi amor, deshacerme de mis amigos latinoamericanos lo más pronto posible. Haré todo lo posible por convencerlos que ni de chiste te vayan a visitar.

Soy capaz de hospedarlos en mi casa indefinidamente, alimentarlos e incluso buscarles chamba, con tal de que no te molesten. No te olvides que tú y yo tenemos una historia de amor, a pesar de nuestras tensiones y diferencias, nos unen muchas cosas buenas. De rodillas te digo que estoy dispuesta a obedecerte en lo que me ordenes. Te quiere con todo su corazón, Lupita”.

Al otro día la novia recibió el siguiente tuit de John: “Me complace informarte, darling, que suspendo el cobro del 5 por ciento. However, quiero decirte que estarás a prueba 45 días. Si no la pasas, las consecuencias podrían ser peores”. Pobre Lupita, porque en el fondo está consciente que hizo muy mal negocio, ofreciéndole tantas cosas a su novio, cuyo carácter es totalmente impredecible. Ahora, John sabe de qué pie cojea y no sería sorprendente que la volviera a chantajear en cuanto se le ocurra mandarle otro tuit con otro de sus mensajitos aterradores.

Hemos de decir, sin embargo, que no tenía de otra, más que ofrecerle su amor ¡in-con-di-cio-nal!

gloaezatovar@yahoo.com