El Mañana

sábado, 16 de febrero de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

El alcalde incómodo

18 enero, 2019

En otros tiempos, la política en Nuevo Laredo para sus residentes, para sus ciudadanos era un tema de poco interés, en consecuencia la gente casi no se involucraba en esos asuntos, muy poco le importaba quién o quiénes gobernaban tanto en el Estado como en el propio municipio; mas sin embargo, un suceso que marcó ese “despertar” en estas cuestiones fue la rebeldía de un munícipe en contra del máximo jefe obrero local, por ese motivo, para el profesor Pedro Pérez Ibarra, Ricardo de Hoyos Arizpe fue el alcalde incómodo.
Pero lo que sí sabía la gente de Nuevo Laredo, sus residentes de hace varias décadas, es que en esta frontera nada se movía, se gestaba, construía o elaboraba sin la autorización o el visto bueno de ese máximo dirigente, en consecuencia, si algún empresario deseaba iniciar un negocio que generara ingresos, trabajo, vida a esta ciudad de Nuevo Laredo, tendría que pasar, contar con la aprobación del Profesor, de no ser así, la clausura de los trabajos de obra, o el cierre del negocio en funciones era algo seguro.
Por lo mismo la palabra “huelga” para muchos comerciantes, empresarios, negocios tanto de origen local o foráneo era sinónimo del poder absoluto de un gremio sindicalista que englobaba toda la “fuerza” trabajadora, laboral de esta ciudad, entonces esta acción de convocarla, de motivarla, de accionarla por parte de la dirigencia obrera cuando las cosas no les resultaban como ellos querían, a muchos empresarios sí que los ponía a “temblar”.
Estas actitudes por supuesto que generaban que las empresas cerraran, que los empresarios prácticamente huyeran de Nuevo Laredo buscando un nuevo y mejor horizonte para desarrollar sus negocios, al entender que el respetar y cumplir con las leyes, con los reglamentos que regulan todo tipo de actividad comercial no eran suficientes para permanecer, construir, generar dinero y riqueza en esta localidad.
Pareciera como sacado de una película, pero la mayoría de los trabajadores de Nuevo Laredo, el adquirir una casa de interés social, un crédito para un terrenito, incluso para un préstamo o gestionar cualquier trámite incluso un acta de defunción, el llevar la firma del jerarca obrero, era ese pase, esa garantía de atención rápida y sin cuestionamientos o aplicación de ley o reglamento alguno.
Pero no así de rápido era el adquirir esa firma mágica que abriera las puertas de la mayoría de las dependencias, incluso de la propia administración municipal en turno, pues se requería de paciencia, de tener por igual un conocido, ese personaje cercano al Profesor, que después de varios intentos, de varias semanas o inclusive meses o años se lograra por fin ese deseado y anhelado “respaldo”.
A las nuevas generaciones de neolaredenses, de residentes jóvenes de esta ciudad de Nuevo Laredo, quizás les parezca incómodo, inusual o hasta exagerado el saber, el hoy conocer la forma cómo antes se manejaba todo, cómo se aceptaba este tipo de actitudes de la gente que por decir así, poseía ese poder, esa capacidad de dirigir, de someter, de mover sobre todo a la fuerza trabajadora.
Esa etapa de ese Nuevo Laredo sumiso, por supuesto que tuvo sus consecuencias, pues actualmente se ve, se sigue reflejando esa falta de actividad comercial, esa escasa industria manufacturera, ese nulo progreso en cuestión de orden urbano, de mejores actitudes en servicios públicos, de otras formas de mejor gobernar a esta ciudad, al quedar por decir así estigmatizada esta parte de Tamaulipas como negativo para el desarrollo empresarial, maquilador.
Algo que en verdad ha replicado y por muchas décadas de esas prácticas de otras épocas, es la falta de esa enérgica aplicación de los reglamentos, de esos instrumentos que de cierto modo coadyuvan a regular, a bien direccionar el futuro y progreso de esta ciudad.
Por lo mismo es una lástima el ver que las administraciones municipales de estos últimos años, han seguido actuando del mismo modo, pero ahora no a lo que la figura de un líder obrero solicite, sino permitiendo, tolerando lo que, y curiosamente el propio empresario, sindicato, gremio, agrupamiento de comerciantes informales, vendedores ambulantes, desarrolladores de conjuntos habitacionales entre otros construyan en donde y como mejor les parezca, desarrollen por encima de las leyes, de los reglamentos, se instalen o comercien productos o servicios en la vía pública, en donde más rápido les acomode; todo esto sin importar ese daño, esa provocación de desorden urbano, al saber que ninguna autoridad les amonesta o les indica absolutamente nada.
Por igual que no exista ese ordenamiento o impedimento para los y las personas en situación de calle para que no invadan o se apoderen de las plazas públicas, los limpiavidrios, los acróbatas en las esquinas de las avenidas o calles.
Los cambios políticos, por supuesto que por igual generaron cambios de actitudes y de forma de pensar y gobernar a esta ciudad de Nuevo Laredo, por lo mismo la gente, los obreros, los trabajadores, los profesionistas, empresarios, amas de casa en sí todos los que de cierto modo se veían perjudicados, malamente beneficiados al brincarse ese orden en trámites estipulados, con la retirada del otrora líder obrero, por igual vieron irse algunas de esas añejas prácticas.
Quizás en la memoria de muchos ciudadanos y residentes de Nuevo Laredo, aún retumbe ese suceso de los años ochenta cuando el alcalde en turno Ricardo de Hoyos Arizpe y por diferencias con el máximo líder sindical local, fue invadida su oficina, su sede municipal por infinidad de puestos ambulantes como una afrenta; acción que replicó la máxima autoridad municipal sometiendo, retirando a los manipulados comerciantes justo y tan sólo con la fuerza de las leyes y reglamentos existentes.
Quizás en la memoria de muchos ciudadanos y residentes de Nuevo Laredo, aún retumbe ese suceso de los años noventa en que una ciudadanía enardecida, cansada de tanto desorden político, se volcó en contra de las acciones y actitudes de ese líder sindical, generando con esto, esa “liberación” gradual de Nuevo Laredo.
Hoy desafortunadamente ese continuo irrespeto a las leyes, a los reglamentos está llevando a Nuevo Laredo al desorden comercial, vial, urbano, visual; entender con esto y con tristeza que el mensaje tanto de esa ciudadanía ya cansada, como de la actitud enérgica y de autoridad tomada por ese alcalde de poner orden, respeto y disciplina, por lo visto no sirvió de nada.