El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
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El amor, ese desconocido

13 febrero, 2019

¿Qué se puede decir del amor que no se haya dicho? Esto me viene a colación por la celebración del amor que el día de mañana se celebra, para alegría de comerciantes y restauranteros, que incrementan notablemente sus ventas.

Sin embargo, me da la impresión de que, para nosotros, el amor es lo que queremos escuchar, ya que existen definiciones para todos los gustos… y disgustos.

Es tan importante esta elección, de acuerdo con el amor que busquemos. ¿Busca un amor placentero y sin compromiso? Si lo encuentra así, sería intenso, pero los empobrecerá a ambos. ¿Lo quiere duradero? Le tendría que invertir. ¿Lo quiere de calidad? Le costará. Tristemente muchos de nosotros no estamos dispuestos a asumir compromisos. 

Los seres humanos pareciéramos estar diseñados para amar y, menor aún, para ser amados. Pero las limitaciones, confusiones y, sobre todo, la complejidad de nuestros pensamientos y deseos que nos confunden y aturden, provocan más desorden que certezas.

A veces, nuestra única certeza es el placer que, para muchos de nosotros, se ha convertido en lo único que puede sostener el amor.

Pero reducir el amor solamente a una sensación agradable es reducirlo. Los problemas que padecemos a nivel personal como social, podrían hallar su fundamento en tres simples palabras: falta de amor. Porque el amor es más que un sentimiento: es elegir lo correcto, lo que conviene a la vida, que es lo que trasciende. Parecerá raro decirlo, pero los fracasos en gobiernos, educación, vida laboral y las conductas antisociales, se derivan de la falta de amor. Es cuando la ambición y la soberbia, se convierten en el centro de nuestras vidas.

Estas convicciones, podemos encontrarlas en los mejores textos sobre convivencia humana. Uno de ellos, es la llamada Cartilla Moral de Alfonso Reyes, propuesta como modelo de ética por el actual gobierno federal. En su primer resumen, podemos encontrar las siguientes palabras:

“Si los hombres no fuéramos capaces del bien no habría persona humana, ni familia, ni patria, ni sociedad. El bien es el conjunto de nuestros deberes morales. Estos deberes obligan a todos los hombres de todos los pueblos. La desobediencia a estos deberes es el mal. El mal lleva su castigo en la propia vergüenza y en la desestimación de nuestros semejantes. Cuando el mal es grave, además, lo castigan las leyes con penas que van desde la indemnización hasta la multa y la cárcel. La satisfacción de obrar bien es la felicidad más firme y verdadera. Por eso se habla del ‘sueño del justo’. El que tiene la conciencia tranquila duerme bien. Además, vive contento de sí mismo y pide poco de los demás. La sociedad se funda en el bien. Es más fácil vivir de acuerdo con sus leyes que fuera de sus leyes. Es mejor negocio ser bueno que ser malo. Pero cuando obrar bien nos cuesta un sacrificio, tampoco debemos retroceder. Pues la felicidad personal poco vale ante esa felicidad común de la especie humana que es el bien. El bien nos obliga a obrar con rectitud, a decir la verdad, a conducirnos con buena intención. Pero también nos obliga a ser aseados y decorosos, corteses y benévolos, laboriosos y cumplidos en el trabajo, respetuosos con el prójimo, solícitos en la ayuda que podemos dar. El bien nos obliga asimismo a ser discretos, cultos y educados en lo posible. La mejor guía para el bien es la bondad natural. Todos tenemos el instinto de la bondad. Pero este instinto debe completarse con la educación moral y con la cultura y adquisición de conocimientos. Pues no en todo basta la buena intención”.

Como cantaban Los Beatles “lo que el mundo necesita es amor”. No se quede en el amor dulzón y cursi que suele impregnar este día, sino en el que lo convierta en un mejor ser humano. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

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