El Mañana

martes, 18 de junio de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

El amor, más sonriente que romántico

13 febrero, 2019

Hace algunos años en una entrevista que le hicieron a la actriz y cantante Angélica María le preguntaron cómo es que se había enamorado del también actor, pero cómico, Alejandro Suárez, indicando que, aunque no era un galán, le hacía sentir bien ya que era demasiado chistoso; otra personalidad del medio artístico, Maribel Guardia, manifestó que tuvo un romance con el nada atractivo, pero cómico Alfonso Zayas, entonces podrá ser el amor, más sonriente que romántico.

O quizás sea el estado de ánimo de cada mujer, el ambiente en que nacieron, se desarrollaron, pues a muchas jovencitas, mujeres maduras por igual les apasiona que le lleven una serenata, que le digan palabras bonitas, otras les emocionan esos detalles como el mono de peluche, la caja de chocolates o el aromático y frondoso ramo de flores.

Lo que sí pudiera ser considerado como un hecho, como una certeza, es que la mujer es romántica de nacimiento, por lo mismo aparte de recibir esas muestras de cariño, esas cosas materiales, esos gestos o episodios que la hacen reír a carcajadas, también necesitan, requieren de esos momentos que la hagan sentir completamente correspondidas, enamoradas.

Por más raro que parezca la mayoría de los hombres en verdad que sufren, les duele hasta el alma el ver a su novia, a su esposa o pareja llorar, sufrir, por eso es que por siempre le trata de externar cosas que la mantengan alegre, riéndose, darle ese ánimo y comprensión, justo como aquella canción del cantautor argentino Leo Dan: “La niña está triste, qué tiene la niña, qué puedo yo hacer, para que sonría, no puedo reírme, me dijo la niña, mi amor ha muerto, y a muerto mi vida”.

Pero, si existen lágrimas en la mujer, es que en la mayoría de los casos la fuerza del hombre, de su compañero, se hace presente, en consecuencia, la impotencia, el rencor, inclusive algo de odio y coraje manifiesta ese femenino ser, estados de ánimo que el amor convierte en pasajeros al reconocer el hombre ese mal comportamiento, tal como lo interpreta nuevamente Leo Dan: “Me estoy portando mal, no debo obrar así, yo sé que no es feliz, pero tiene su hogar, porque la conocí y la llegué a querer y hoy puedo enloquecer si no la veo más”.

Mas sin embargo y aun cuando se genera ese inevitable rompimiento, resurgen esos sentimientos, ese amor que se cultivó en ese tiempo en que formaron una bonita pareja, por lo mismo no se puede evitar el invocarla, surgiendo ese recuerdo, sentimiento que por igual lo plasma de una forma sutil y romántica Leo Dan: “Cómo te extraño mi amor por qué será, me falta todo en la vida si no estás, cómo te extraño mi amor qué debo hacer, te extraño tanto que voy a enloquecer”.

Ojalá que esto no sea en vano, que haya quedado claro, el hacer en el Día del Amor, de San Valentín ese espacio, de existir dejar rencores a un lado, de ya no poder retomar ese amor, pedir esa disculpa, pero si aún se puede, formidable sería el llevarle esa serenata, esas flores, ese mono de peluche, esos ricos chocolates, así admirarla, tomarla de la mano, darle ese tierno beso, disfrutar nuevamente de su amor romántico, de ella su linda sonrisa.