El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Elba Balmori
Cicatrices del alma Elba Balmori

El Ave Azul

16 marzo, 2019

Todos llevamos en el alma un sueño que muchas veces las circunstancias nos impiden realizar. Pero en ocasiones nos dejamos influenciar por personas que nos impiden desarrollar lo que somos hasta llegar a pensar que estamos equivocados por pensar como pensamos o en ser como somos. Es ahí cuando sin darnos cuenta poco a poco llegamos a cambiar tanto que olvidamos quienes somos. Sin embargo, llega un momento en que debemos de luchar por lo que se quiere. Muchas veces por temor a desagradar a quienes nos rodean ignoramos nuestros sueños, pero creo que nunca debemos dejar que alguien más decida nuestro destino. Contacto, ebalmorig62@gmail.com

El Ave Azul
Alguien un día dejo abierta la puerta hacia la felicidad y yo sin saber qué hacer me le quede viendo, me asustaba la idea de conquistar todo aquello que un día soñé. Ahí estaba yo, temerosa, pensativa, incrédula e insegura. El horizonte que antes veía tan lejano ahora me estaba llamando, me estaba esperando. Lentamente extendí misentumidas alas que se habían acostumbrado a estar inactivas, llevaba en mi pecho el temor de caer y perder el único lugar seguro que conocía. Parecía que nadie me veía, todos estaban ocupados en sus actividades y no veían lo que yo veía. Por un momento dude en que fuera verdad, pero ahí estaba ese cielo azul que me gritaba, ¡Vuela, no tengas miedo, solo vuela y ven a mí! Sin pensarlo más, agite mis alas y volé hacia mi destino. En ese instante sentí como me crecieron las alas y las ganas de vivir; de vivir lo que antes solo imaginaba.Sin voltear atrás volé alto y libre, sin rumbo, sin saber dónde aterrizar ni hacia dónde dirigirme. Alcance a escuchar antes de alejarme como algunos me gritaban que pronto volvería, que no sabía lo que hacía, pero sus gritos solo me impulsaron a seguir volando. La adrenalina de ese momento fue totalmente inesperada para mí porque había olvidado lo que era volar. Mi corazón se agitaba conforme me alejaba en una mezcla de felicidad, duda y temor. ¿Y si tenían razón? ¿Y si no lograba mis sueños? Sin dejar de volar, las preguntas seguían en mi mente, pero la sensación de libertad pronto despejo mis dudas.
En ese momento decidí que sin importar si lograba mis metas o no, iba a disfrutar cada intento, cada día y hasta cada fracaso. Es verdad, había olvidado volar, había olvidado pensar, tener un propósito y hasta había olvidado que nací con alas. Aún sigo volando alto, aun alimento mi espíritu con el recuerdo del día que decidí volar y esa sensación me impulsa a buscar horizontes que aún no he visto. Alguien me dijo una vez que yo no era un ave y por un tiempo así lo pensé, pero me crecieron las alas y aprendí a volar.
Elba Balmori