El Mañana

domingo, 26 de mayo de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

El Código Hays

19 abril, 2019

La industria cinematográfica estadounidense de los años veinte se estremeció con un crimen entre actores, el cómico “Fatty” se le atribuía en esa época le provocara la muerte en una noche de fiesta a la novel actriz Virginia Rappae, por lo que esto vendría a escandalizar a muchas organizaciones tanto católicas como laicas, inclusive de grandes empresarios y banqueros que financieramente apoyaban ese género, los que obligaron a los empresarios del cine a regular su arte, a lo que se ofrecía a su público, creando para lo mismo lo que posteriormente sería conocido como el Código Hays.

Por años y a nivel mundial se ha escuchado y remarcadamente que tanto el cine como la televisión han sufrido una revolución rápida en sus programaciones, y que éstas no son más que el resultado de esas adecuaciones a la vida moderna, mas sin embargo, bueno sería saber, a qué vida moderna se refieren esos magnates, esos dueños del cine y televisión, en consecuencia, incitadores de lo que últimamente se ofrece a través de sus producciones, programaciones.

Cierto es que el Código Hays establecido a mediados de los años treinta permitió “someter” por decir así a muchos de los productores, generadores de programaciones tanto de cine como de televisión, a sujetarse a un sinnúmero de reglas que obligaban a que sus trabajos fueran lo más cercano a mantener al espectador libre de escenas sobre todo violentas y sexuales, episodios que por lo mismo lo incitaran a actuar, emular ante la sociedad la trama de ese programa o película.

Por supuesto que la puesta en funcionamiento de este compendio de restricciones no fue del agrado de muchos productores, pero para otros fue muy bien recibido, mas sin embargo bajo este estricto reglamento y por lo que se ve en series y películas antiguas, sí que cumplió con dichos objetivos, incluso sobre la misma sociedad, al saberse por igual que esta última reflejaba en un gran porcentaje una vida llena de moralidad y respeto.

Detallar algunas de las restricciones del Código Hays, que en su época utilizó para regular las producciones cinematográficas y televisivas, por supuesto que en esta vida moderna escandalizaría a cualquiera, pero haciendo un comparativo del comportamiento humano de antes al actual, en verdad que marcaría por igual esa gran diferencia en porcentaje de crímenes, de cualquier índole.

“No se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores, nunca se conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal, el pecado, los géneros de vida descritos en la película serán correctos, teniendo en cuenta las exigencias particulares del drama y del espectáculo, la ley, natural o humana, no será ridiculizada y la simpatía del auditorio no irá hacia aquellos que la violentan”, fueron los principios del Código Hays.

Los temas siguientes eran algunas de esas restricciones, limitaciones, pero en el caso de tener que ser necesariamente y por la trama desarrolladas o exhibidas a los espectadores, éstas no tendrían que ser tan explícitas; así el ahorcamiento encajaba y perfectamente bien como un tema reprobable, el baile utilizado, la danza incluso el decorado de las camas o habitaciones, tendrían que estar impedidas de esas acciones o actos sugestivos sexuales.

Otros temas como el vestuario, religión, vulgaridad, alcohol, crímenes, desnudos incluso el blasfemar ante esos seres divinos era parte de ese código que marcaba e incisivamente como prohibido.

Afortunadamente para muchos productores sobre todo estadounidenses, con la entrada de las clasificaciones, nueva modalidad establecida para indicar qué contienen o quiénes pueden ver dichas películas o programaciones, vino a poner fin al tan señalado código, pero desafortunadamente trayendo consigo su anulación o cancelación, infinidad de actos violentos, conductas antisociales entre la población mundial.

Pues cierto es que, aunque se marque la programación o película no apta, que contiene escenas violentas o sexuales entre otros temas, las televisoras abiertas no respetan los horarios, y en la televisión por cable sucede lo mismo, al ser estas señales regularmente foráneas, los horarios no coinciden en otros países o estados, creando un conflicto en su propia programación.

El cine, propiamente marca su clasificación, mas sin embargo las salas cinematográficas en su mayoría, por tal de vender una butaca, de llenar sus salas no respetan esa clasificación, en consecuencia, no existe esa clara inspección, dando entrada a jovencitos, inclusive niños y niñas a proyecciones sí muy promocionadas y atractivas, pero claramente para ellos restrictivas.

Otro problema que se ha salido de control a esos grandes productores, empresarios del entretenimiento mundial, son los mal llamados videojuegos, entretenimiento que, aunque por igual clasificados, ciertos modelos son de venta prohibida a menores, pero que desafortunadamente llegan a las manos de esos niños, a través de los propios padres que en las tiendas sustituyen a sus hijos para comprárselos, aun sabiendo que no son aptos para su edad, al estar llenos de escenas demasiado violentas.

Videojuegos que inicialmente estaba enfocado a la destreza, pero que paulatinamente y a través de los años se fue enfocando incisivamente hacia la violencia, mecanismos electrónicos que por igual y debido a su alto contenido explosivo, ha generado ese negativo comportamiento humano, sobre todo de niños y jóvenes mostrando esa rebeldía, esos actos impulsivos.

No es por demás recordar que ya ha pasado un mes de ese caso tan lamentable y sonado a nivel mundial en donde un sujeto y haciendo alarde de un videojuego, de su destreza y conocimiento, emuló, pero en la vida real a un personaje ficticio para cometer, atentar mortalmente contra gente indefensa.

Entonces, se podría considerar que el comportamiento actual de la sociedad a nivel mundial, está muy relacionado a lo que a través de los diferentes mecanismos electrónicos está percibiendo, absorbiendo, al ser la televisión, el cine, los llamados videojuegos esos claros “maestros”, escuelas formadoras, generadores de sociedades que se alteran ante cualquier situación, en consecuencia, actuando agresivamente y en todos sus formatos en contra de sus propios semejantes.

Preocupante por igual es, cómo es que el internet está penetrando y fuertemente en las decisiones de muchos seres humanos, en su comportamiento, en su forma de actuar, de expresarse, al ser las redes sociales esas claras plataformas abiertas y sin restricción alguna de ninguna autoridad.

Utilizadas mayormente para burlarse del dolor ajeno, de ese impedimento físico, de ese involuntario error humano, señalar o acusar a alguien sin fundamento, sin esa prueba, sin importar el destruirle su vida, a sus seres queridos, entre otras aberrantes actitudes, muchas generadas en la oscuridad de esa real identidad de quien las externa.

El Código Hays en el momento de su aplicación demostró que a través de reglamentaciones, limitaciones o prohibiciones la sociedad humana cambia su actitud, al ser ésta claramente perceptiva, en consecuencia, imitadora de lo que ve o lo que se proyecta como “normal”.

Ojalá y que no pase mucho tiempo en que la mente de los grandes generadores del entretenimiento a nivel mundial piensen, y vean lo que a través de sus nuevos “trabajos” en esta era “moderna” están cometiendo en perjuicio de sus principales consumidores, al estar tejiendo esa clara red de degradación humana como son: el enfrentarse y por cualquier acción mínima de una manera violenta, atacar a seres indefensos al sentirse superiores, el lastimar los sentimientos de sus propios semejantes, se pide a ellos, ya que por lo visto ninguna autoridad quiere “meterse”, ponerse en contra de los intereses, de ese costosísimo y jugoso juego de la comunicación y del entretenimiento.