El Mañana de Nuevo Laredo

Catón

De política y cosas peores

Catón

15 septiembre, 2020

El comal le dijo a la olla



“¡Soy una dama!”. Con esas palabras respondió furiosa la linda Dulciflor a la lúbrica petición que Libidiano le hizo. “Precisamente -replicó el salaz sujeto-. ¿Quieres que le pida eso a un caballero?”… Kid Groggo, boxeador, casó con Ardicia, voluptuosa chica. Al regreso de la breve luna de miel -duró sólo dos días- el peleador se veía desmadejado, feble, laso y agotado. Sus compañeros del gimnasio le preguntaron a qué se debía su extenuación. Con desmayada voz respondió el púgil: “Ardicia no me dejó que me levantara sino hasta la cuenta de ocho”… La mujer de Empédocles Etílez, ebrio consuetudinario, le reclamó iracunda: “Siempre me estás diciendo que vas a dejar la bebida, y no la dejas”. Retobó el temulento: “Y tú siempre me estás diciendo que te vas a ir de la casa, y no te vas”… La Iglesia de la Tercera Venida -no confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que permite a sus fieles el adulterio a condición de que lo cometan con una sola persona a la vez- prohíbe a sus feligreses el baile, ejercicio al que los dirigentes de la congregación llaman “tentación diabólica”. En cierta ocasión el pastor Rocko Fages abrazó con demasiado calor a la hermana Sister, organista de la iglesia. Ella le dijo: “Espere, reverendo. Si hacemos esto de pie y nos ve alguien, va a pensar que estamos bailando”… Sobre tres piedras se asienta en buena parte la cocina tradicional de México: el molcajete, el metate y el comal. (El comal, sí, porque nuestros ancestros los hacían de barro, que con el fuego adquiere solidez de piedra). El molcajete sigue siendo utensilio de uso diario en la mayor parte de los hogares mexicanos. Sirve para elaborar sabrosuras que en una licuadora es imposible hacer, como una salsa molcajeteada, de sabor excepcional que de otro modo no se puede conseguir, pues al ser molidas en el molcajete las semillas de chiles y tomates sueltan sus esencias, y éstas dan sazón especialísima a la salsa. El metate ya casi no se emplea. Y qué bueno: esclavizaba a la mujer hasta el punto de hacerla arrodillarse ante él, fuese para hacer las tortillas o para elaborar el chocolate, el mole o alguna otra cosa de las ricas cosas nuestras. (Los hombres buscaban para esposa a una mujer que fuera al mismo tiempo “buena pa’l metate y buena pa’l petate”). El comal de barro ha sido sustituido por el de metal en casi todas partes. Escribo esto para manifestar mi esperanza -posiblemente infundada- en que no volveremos a la época del metate y el comal de barro… Las parejas de animales veían cómo una larga fila de hermosas mujeres iban subiendo al arca de Noé. El elefante comentó enojado: “Eso no fue lo que le ordenó el Señor”… Dulcibella, mujer en flor de edad, se hizo socia de un club nudista. Ahí conoció a un hombre, y tras una semana de noviazgo se casó con él. Le preguntó una amiga: “¿Te enamoraste de Pitón a primera vista?”. “A segunda -precisó Dulcibella-. Primero le vi la cara”… Maritornia, la muchacha de servicio de doña Panoplia, tenía ocho hijos, todos del mismo papá y todos habidos fuera de matrimonio. Le preguntó doña Panoplia: “¿Por qué no te casas con él?”. “¡Ni pensarlo! -exclamó Maritornia-. ¡No es mi tipo!”… Babalucas marcó el número telefónico de una agencia de mensajería. Le contestó una voz: “Estafeta”. “Me la saluda -respondió el tontiloco-. Pero el que quiero saber si está es el gerente”… Doña Macalota, esposa de don Chinguetas, salió de viaje, y el tarambana señor aprovechó su ausencia para llevar a su casa a una guapísima morena. Al empezar las acciones ella le pidió que usara protección. Dijo Chinguetas: “Mi señora siempre tiene condones en el cajón de su buró. Tomaré uno”. Buscó ahí y no encontró los preservativos. “Qué raro -se extrañó-. Debe habérselos llevado al viaje”. Sonrió, traviesa, la muchacha: “Me pregunto por qué se los llevaría”. “No lo sé -respondió, pensativo, don Chinguetas-. Será que no me tiene confianza”… FIN.

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