El Mañana

miércoles, 26 de junio de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

El Continente Negro

19 mayo, 2019

Flordelisia se llamaba. Era una chica ingenua, candorosa. Nada sabía acerca de las cosas de la vida, especialmente de aquéllas relacionadas con el sexo. Su señora madre, temerosa de que la inocencia de su hija le atrajera alguna mala consecuencia -las chicas ignorantes en cuestión de sexo muestran una extraña propensión a quedar embarazadas-, le habló a Flordelisia de las florecitas, los pajaritos y las abejitas. Ahora no la puede sacar del jardín… Leovigildo y Anilú se iban a casar. En todo estaban de acuerdo, menos en un punto de importancia: ella quería una familia de tres hijos; él deseaba tener solamente uno. “Serán tres” -declaraba con firmeza. Y él, con la misma energía: “Será uno nada más”. “Tendremos tres”. “No. Yo quiero sólo uno”. “Está bien -cedió finalmente Anilú-. Pero ojalá quieras a los otros dos como si fueran tuyos”… Babalucas se prendó de la bella meserita del café. Era tímido, pero venció su timidez y una mañana le habló con temblorosa voz: “Señorita: quiero decirle algo”. Respondió la muchacha: “Usted me dirá”. Respondió Babalucas: “1.75”… Don Astasio regresó a su casa después de su jornada de trabajo. Colgó en la percha su saco, su sombrero y la bufanda que usaba aun en días de calor canicular, y enseguida encaminó sus pasos a la alcoba a fin de reposar un punto su fatiga. Lo que ahí vio lo llenó de azoro y confusión. He aquí que su esposa Facilisa se hallaba en trance de fornicio con un mancebo en quien el lacerado esposo reconoció al repartidor de pizza. Fue don Astasio al chifonier donde guardaba una libreta en la cual anotaba adjetivos denostosos para enrostrar a su mujer en tales ocasiones. Volvió y le dijo: “¡Chafarota!”. Luego le preguntó, furioso: “¿Qué significa esto?”. “No sé -respondió ella-. Soy adúltera, no psicóloga”… El padre Sotánez, misionero perteneciente a la Orden de la Reverberación, fue a lo más profundo del Continente Negro a fin de llevar la luz de la verdadera fe a una tribu de antropófagos que vivía ahí donde la mano del hombre blanco jamás había puesto el pie. Tan flaco de carnes era el sacerdote, y tan viejo, que los salvajes no le prestaron atención y lo dejaron que predicara entre ellos. Tiempo después el padre Sotánez envió un memorial a Roma a fin de informar acerca de los frutos de su apostolado: “No he conseguido aún -manifestó- que estos infelices renuncien a su bárbara costumbre de comer carne humana. Pero al menos ya logré que siguiendo nuestras piadosas prácticas los viernes de cuaresma coman únicamente pescadores”… Don Algón, salaz ejecutivo, llegó a un hotel de media estrella acompañado por una mujer. El propietario del establecimiento pertenecía a la Legión Moral, de modo que le preguntó, severo: “Dígame, señor: la dama que viene con usted ¿es su esposa?”. “¡Claro que lo es! -rebufó don Algón, exasperado-. Si no lo fuera ¿la traería a un hotelucho como éste?”… Ya conocemos a Avaricio Matatías. Es un sujeto avaro, cicatero, cutre y ruin. El día del cumpleaños de su esposa le regaló un zapato. Le dijo: “El otro te lo daré en la Navidad”… Dulcibella, muchacha de buenas formas, le comentó a Rosilí: “Viajar en un autobús atestado es para mí como participar una ceremonia religiosa”. “¿Por qué?” -se sorprendió Rosilí. Contestó Dulcibella: “Siempre hay imposición de manos”… . La señora se dirigió al guardia del zoológico: “¿Por qué no están visibles el oso y la osa panda?”. “Es la época del celo -explicó el hombre-. Se encuentran en su cueva, apareándose”. Preguntó de nueva cuenta la mujer: “Si les echo cacahuates, ¿saldrán?”. Inquirió a su vez el guardia: “¿Saldría usted?”… FIN.

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