El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

El David, de Miguel Ángel

25 julio, 2019

“¡Te voy a comer!”, amenazó el Lobo Feroz a la abuelita. “Eso es lo que le harás a Caperucita -replicó la abuela desde el lecho-. A mí me vas a hacer otra cosa”… Babalucas fue a la biblioteca pública a devolver un libro que su hijo había llevado a casa. El tal libro se llamaba “Escolios de Metafísica Epistemológica”. Vio el título la encargada y comentó: “Está muy abstruso el libro ¿no?”. Respondió con enojo el badulaque: “Así estaba cuando se lo prestaron a mi hijo”… Ya conocemos a Capronio. Es un sujeto ruin y desconsiderado. Le reclamó a su suegra: “Es usted una mentirosa. Me dijo que si alguna vez le traía yo flores se caería muerta por la sorpresa. Se las traje, y nada que se cayó”… Una chica le preguntó a otra: “La primera vez que hiciste el amor ¿fue por amor o por dinero?”. “Debe haber sido por amor -ponderó la otra-, porque el tipo me pagó 10 pesos, y 10 pesos no es dinero”… “Ten cuidado con ese hombre -le advirtió la señora a su hija Dulciflor-. Va a querer montarse sobre ti, y eso marchitará tu virtud”. Cuando la muchacha regresó de la cita le contó alegremente a su mamá: “Antes de que él se me montara yo me le monté a él, y le dejé bien marchita su virtud”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, tenía en la sala de su casa una reproducción del David de Miguel Ángel. Un día se sorprendió al ver que cierta parte de la varonil figura no apuntaba ya hacia abajo, como en la estatua original, sino hacia arriba. La criadita de la casa confesó que ella había quebrado la susodicha parte, y la volvió a pegar con un líquido adhesivo. “Pero se la pegaste al revés”, le indicó doña Panoplia. “Pos no sé -contestó la criadita-. Así es como las he visto siempre”… El marido le sugirió a su esposa: “Ahora que nuestra hija se va a casar deberías hablarle de la cuestión del sexo”. “Ay, viejo -suspiró la señora-. Hablarle en este tiempo a una chica de la cuestión del sexo es como decirle a un pez cómo nadar”… Doña Cacha Lota, mujer bastante entrada en carnes, iba a darse un chapuzón en la playa. En eso oyó que un muchachillo le decía a otro: “¿Nos metemos en el mar?”. “Ahora no -respondió el otro-. La señora lo va a usar”… Don Chinguetas le dijo a doña Macalota que el médico de la compañía no le había dado la incapacidad que le pedía para poder irse de vacaciones. “Me hizo que me quedara en short, me revisó y me dijo que estoy muy bien, que no podía darme la incapacidad”. Comentó doña Macalota: “Debiste quitarte el short. Te habría dado incapacidad completa”… Viene ahora un cuento que no entendí cuando me lo contaron, pero que me dicen es de color bastante subido. Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, se sintió un día cansada de vivir en soledad. Publicó entonces un aviso en la sección de anuncios sentimentales de un periódico: “Anhelo conocer a un hombre para entablar con él una relación seria y permanente. El interesado debe reunir tres condiciones: jamás me pondrá la mano encima; no se apartará nunca de mi lado, y habrá de ser un excelente amante”. Pasaron varias semanas sin que ningún solicitante respondiera. Cuando la señorita Sinpitier había renunciado ya a la esperanza, un buen día sonó el timbre de su puerta. La abrió y no vio a nadie. Pero entonces oyó una voz que provenía de abajo. “¿Es usted Solicia Sinpitier?”. Con asombro la madura señorita volvió la vista abajo y vio que quien había llamado era un hombre que no tenía brazos ni piernas. Respondió: “Sí, yo soy. ¿En qué puedo servirle?”. “Vengo por el anuncio -dijo el tipo-. Soy el hombre que usted necesita. Reúno todas las condiciones del anuncio. No tengo brazos. Eso me impide ponerle la mano encima. Tampoco tengo piernas. Por tanto no puedo apartarme nunca de su lado”. Preguntó la señorita Sinpitier: “¿Y lo de buen amante?”. Contestó el individuo, seguro de sí mismo: “Toqué el timbre de la puerta ¿no?”… (No le entendí)… FIN.