El Mañana

jueves, 23 de enero de 2020

Jorge Ramos Ávalos
Artículo Jorge Ramos Ávalos

El encuentro hace 500 años

5 noviembre, 2019

Hace cinco siglos, en lo que hoy es la esquina de dos calles
del Centro Histórico de la Ciudad de México, se encontraron por primera vez el
tlatoani azteca, Moctezuma II, y el conquistador español Hernán Cortés. Este
encuentro, uno de los más extraordinarios de la historia, ocurrió el 8 de
noviembre de 1519 y sus repercusiones aún las sentimos hoy.

Sólo la descripción de ese histórico encuentro es motivo de
controversia. Hay, de hecho, dos visiones -igualmente poderosas y vitales- que
chocan y que se mezclan.

Tenochtitlán impacta a los españoles con sus canales y su
mercado central. Es, además, mucho más grande que cualquier ciudad europea de
la época. “Nos quedamos admirados”, escribe Bernal Díaz del Castillo en su
“Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España”.

Desde que Moctezuma II se entera de la llegada de una
expedición a las costas del Golfo de México, hace todo lo posible para evitar
que se acerquen al centro del país. Pero no lo logra. De hecho, genera el
efecto contrario. Los regalos que les envía a los españoles despiertan más su
curiosidad.

Cortés, de 34 años de edad, llega a Tenochtitlán con unos
400 españoles, 16 caballos -había perdido a dos en una brutal batalla en
Tlaxcala-, no más de seis escopetas y el apoyo de miles de indígenas totonacas
y tlaxcaltecas (enemigos tradicionales de los aztecas y que se habían sumado a
la fuerza expedicionaria).

Así es como Cortés lo recordó en su segunda carta de
relación que envió casi un año después al emperador Carlos V: “Nos salió a
recibir aquel señor Mutezuma (sic) con hasta 200 señores, todos descalzos y
vestidos de ropa bien rica a su uso… Mutezuma venía por medio de la calle…
y ahí me tomó de la mano y me llevó a una gran sala y allí me hizo sentar en un
estrado muy rico”.

El historiador Christian Duverger, en su libro “Hernán
Cortés. Más Allá de la Leyenda”, resume así el encuentro con Moctezuma: “El
gran Motecuzoma (sic) desciende de su lujosa silla de manos. Doscientos señores
lo rodean. Todo el Gobierno de México está allí. Cortés desciende del caballo,
se descubre la cabeza y se dispone a abrazar al emperador. El servicio de orden
de Motecuzoma lo rechaza. A pocos metros uno del otro, intercambian regalos,
collares valiosos. Sin decir una palabra, en la tensión que es fácil imaginar,
Motecuzoma lleva a los españoles a una gran casa cerca del gran templo, al
palacio del antiguo emperador Axayácatl”.

Ya ahí en el palacio comienza una larga y compleja
conversación entre Cortés y Moctezuma con la ayuda de dos intérpretes: el
español Gerónimo de Aguilar, quien tras un naufragio pasó varios años entre los
mayas, y Malintzin, hija de un jefe nahua, con una infancia muy difícil y
entregada a Cortés antes de llegar a Tenochtitlán.

La también conocida como Malinche traduce del náhuatl al
maya y Gerónimo, del maya al español. Y viceversa. Así es como Moctezuma II y
Cortés se comunican.

Por eso Cortés, en su carta al rey, le atribuye a Moctezuma
II estas palabras: “A mí veisme aquí que (soy) de carne y hueso como vos y como
cada uno, y que soy mortal y palpable… Ved cómo os han mentido. Verdad es que
yo tengo algunas cosas de oro que me han quedado de mis abuelos. Todo lo que yo
tuviere tenéis cada vez que vos lo quisiéredes”.

Moctezuma II eventualmente es secuestrado por los españoles,
muere (apedreado por su gente o asesinado por sus captores) y, tras una larga
campaña bélica, Tenochtitlán cae en agosto de 1521.

La conquista fue brutal. Millones de indígenas murieron
violentamente, por enfermedades y en esclavitud. Pero es inútil discutir si la
influencia indígena o la española tiene más peso en nosotros en este siglo 21.
Somos lo que somos; resultado de un conflicto.

La historia, a veces, se va armando sin lógica o dirección.
Y es imposible que estos dos hombres se hubieran imaginado las mayúsculas
consecuencias que su encuentro estaba creando. Pero aquí estamos. Muchos de
nosotros -de este lado del mundo- somos producto del desenlace de ese
choque/reunión entre Cortés y Moctezuma Xocoyotzin hace 500 años.

En la esquina de las calles República de El Salvador y Pino
Suárez, en el Centro de la Ciudad de México hay una placa de cantera recordando
el evento. De ahí venimos.

opinion@elnorte.com