El Mañana de Nuevo Laredo

Guadalupe Loaeza

Artículo

Guadalupe Loaeza

5 febrero, 2020

El gran mentiroso



Una de las obsesiones de Federico Fellini eran las mujeres;
mujeres de todo tipo: obesas, flacas, monstruosas, bigotudas, narigonas,
enanas, jorobadas, prostitutas, sofisticadas, andróginas, horrendas y las bellísimas,
como Anita Ekberg, su heroína en la película “La dolce vita”.

La escena donde aparece la actriz sueca enfundada en un
vestido negro de terciopelo bañándose en la Fuente de Trevi se convirtió en una
de las imágenes más fellinianas de Fellini.

Cuando se estrenó esta película, en la que se nos muestra
una sociedad corrompida y en completa decadencia, hizo gran escándalo en
Italia. No obstante las críticas, fue la película del director que obtuvo La
Palma de Oro del Festival de Cannes. “El paisaje humano que nos muestra en
movimiento es tanto la caricatura más terrible como la más grotesca de la
sociedad de hombres”, dice Jean-Marie Le Clézio.

Sin duda la mujer que más obsesionó a Fellini fue Giulietta
Masina, su musa y esposa por más de 50 años. Con ella hizo “La Strada”, “Ginger
y Fred”, “Las noches de Cabiria” y “Julieta de los Espíritus”. Por casi 30
años, Giulietta y Federico vivieron en el mismo departamento en la Via
Margutta, en la parte vieja de Roma. Fue Giulietta la que siempre le cocinó sus
platillos predilectos: la lasagna y los tortellini con mucha salsa de jitomate.

Fellini solía llamarse a sí mismo el gran mentiroso. Según
él, muchas de sus películas estaban basadas en los sueños, pero siempre con un
fondo filosófico o político. Por ejemplo, en “Amarcord” nos habla del fascismo
psicológico. “Tengo la impresión que el fascismo y la adolescencia continúan
siendo, de alguna manera, etapas permanentes de nuestra vida: adolescencia en
nuestras vidas individuales, fascismo en nuestra vida nacional”.

“Tenemos tendencia a quedarnos eternamente en la infancia y
a quitarnos responsabilidades, las cuales las atribuimos a los otros, vivir con
la confortable sensación de que alguien piensa por nosotros: de pronto la madre
o el padre; o bien el Alcalde o el Duce, o una virgen o un Arzobispo.

“Mientras tanto no nos queda otra libertad, más que cultivar
nuestros sueños ridículos, el sueño del cine norteamericano, o el del harem
oriental. Como si viviéramos bajo una campana, cada quien desarrolla, no
características individuales, pero más bien rasgos patológicos. Éste es el
sentido preciso de la escena en Amarcord, de la visita del ‘federal’”.

¿Qué cosas amó Fellini y cuáles no amaba? Amaba las
estaciones de tren, la obra del pintor Matisse, los aeropuertos, el risotto, a
Rossini, la rosa, a los hermanos Marx, al tigre, esperar durante una cita a que
la persona esperada nunca llegue, los lugares donde nunca había estado, todo lo
bonito que tiene una mujer bonita, a Homero, el helado, el turrón, las cerezas,
las caderas bien redondas que van sobre el asiento de una motocicleta, a los
perros cocker, a todos los perros en general.

El olor de la tierra mojada, el perfume de la avena recién
cortada, los cipreses, el mar en invierno, a las personas que hablan poco, a
James Bond, los locales vacíos, los restaurantes desérticos, las iglesias
vacías, el silencio, el sonido de las campanas, Bologna, Venecia, toda Italia.

A los escritores Simenon, Dickens y Kafka; las castañas
asadas, el Metro, tomar el autobús, las camas altas, Viena, lo mismo si nunca
había estado; despertarse y dormirse, los lápices Faber número 2, los
complementos de los programas, el chocolate amargo, los secretos, los
despertares, la noche, los espíritus, al Gordo y al Flaco, a las acomodadoras
de los teatros y a las bailarinas.

No le gustaban: las fiestas, la médula, las entrevistas, las
mesas redondas, que le pidieran autógrafos, los caracoles, viajar, hacer la
fila, ir a la montaña, los barcos, los nacimientos de Navidad, los ostiones,
oír hablar de Brecht, siempre Brecht; las comidas oficiales, el pan tostado,
los discursos, ser invitado, que le preguntaran su punto de vista sobre algo,
Humphrey Bogart, ser invitado a las exposiciones de pintura y a las recepciones
en general.

Los manuscritos, el té, la manzanilla, el caviar, las frases
célebres, los machos, las películas de los cineastas jóvenes, lo teatral, lo
temperamental, las preguntas, Pirandello, las crepas Suzette, los paisajes
hermosos, las películas históricas, las de psicología, las ventanas y
persianas, los compromisos políticos y los no compromisos y la catsup.

El 20 de enero se cumplieron 100 años del nacimiento de Federico Fellini. Junto con su mejor amigo, Marcello Mastroianni, los extrañamos, los añoramos y los lloramos.

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