El Mañana

sábado, 14 de diciembre de 2019

Laura García
En el G7 Laura García

El Infiltrado del KKKlan

2 febrero, 2019

Hay algo de cinismo y vileza en la forma en la que se abordan los problemas sociales más apremiantes en la actualidad. Las redes sociales contrastantemente con su utilidad para difundir instantáneamente la información, a su vez sirven para distribuir con el mismo nivel de importancia la desinformación y la ignorancia.El más grave efecto colateral de la revolución informática fue la posibilidad de hacer pasar las opiniones individuales por hechos sustentables.
Precisamente en esta época en que vicios tan antiguos como el racismo, la misoginia y la intolerancia son desdeñados y disfrazados de humor en forma de “memes”; una época en que la línea entre lo indignante y lo sensato cada vez es más difusa, hace falta un artista audaz para poner las cosas en la perspectiva adecuada.
En “El Infiltrado del KKKlan” (BlacKkKlansman, Dir. Spike Lee, 2018)uno de los cineastas más representativos del cine afroamericano nos cuenta la historia verídica del oficial de policía Ron Stallworth (John David Washington), el primer oficial afroamericano en la ciudad de Colorado Springs, y quien en los años 70’s logró no solo infiltrarse como miembro del KuKluxKlan local, sino también ascender en las filas del mismo, lo cual logra con la ayuda de su compañeroFlipZimmerman (Adam Driver) de origen judío, quien posa como el en las reuniones presenciales del Klan.
Categorizar esta película como una Comedia Dramática es el mejor y más preciso uso de esta clasificación que he visto. La premisa en si suena increíble, y en apariencia una fuente perfecta para una comedia policíaca común y corriente. Pero lo único común que podemos esperar de algo hecho por Spike Lee es el sentido. Uno de los directores más visionarios del cine moderno, quien nunca ha tenido complejos o ataduras para vociferar cinemáticamente denuncias de índole social y político, nuevamente vuelve a impactar con esta dramática denuncia del resurgimiento del neonazismo y las tensiones raciales en Estados Unidos y con ello los crímenes basados en el odio. Esto disfrazado de una comedia policíaca, en forma de biografía. No es solo increíblemente apropiado que en una época que todo es objeto de burla en Internet sea en forma de lo que aparenta ser una comedia ligera que se nos entregue un golpe de realidad tan impactante con respecto a lo que en realidad ha evolucionado un país perteneciente al Primer Mundo en cuestiones de prejuicios raciales, sino que es igualmente apropiado y preciso que sea una historia basada en hechos reales ocurrida en el siglo pasado para poner en referencia el casi nulo avance evolutivo en el pensamiento racional de partes importantes de la sociedad estadounidense. Aun después de todos los movimientos y pelea por los derechos civiles, de tantas muertes sin razón, sigue habiendo quien antepone la ignorancia, el odio y el miedo por encima de la verdad, con la facilidad ahora de tachar a todos los que denuncian como “extremadamente sensibles”. Porque sigue reinando la cultura de los “extremos” en un país de doble moral, y esto es algo que Spike Lee deja muy claro, sin recurrir al recurso fácil de caer en uno de estos extremos. A pesar de tener elementos de comedia, nunca deja de tomar en serio las zonas dramáticas y la tensión tiene una presencia constante. Tampoco recurre a la victimización, porque cuando se polariza una opinión en ambos extremos hay prejuicios; como ya es su característica Lee nunca pone a los afroamericanos como víctimas del racismo, sino al propio país, que parece incapaz de evolucionar y sobreponerse a ideas arcaicas, infligidas por siglos mediante fenómenos culturales erróneos. Lee llega incluso a denunciar la influencia del cine en la promoción de estas ideas.
En cuestión del elenco la sobria actuación de Washington hace totalmente creíble su representación de este policía temerario y aparentemente desenfadado, pero quien sobresale en mi opinión es Adam Driver, quien logra interpretar de manera sobresaliente el conflicto que debió experimentar este oficial judío quien debió aguantar silenciosamente la discriminación y el odio hacia su naturaleza, que iba más allá del color de su piel.
Es una película que hace falta ver para sentir, una película que vuelve a poner en evidencia el lado más oscuro de la cultura norteamericana, y lo hace magistralmente. Muestra el lado más vergonzoso de un país que a estas alturas de la historia debería ser superior cultural, tecnológica e intelectualmente, y sin embargo sigue decidiendo negar sus fallas y vivir de apariencias, lo cual sigue reflejando en los lideres que elige. Es una afrenta a todo aquel que se atreva a decir que los negros son más racistas porque creen que todo es racista; a quien se atreva a decirme una frase semejante solo tendría que mostrarle esta película.
La escena final es un golpe de realidad tan impactante y necesaria, que aun días después de verla es posible sentir aun la conmoción. Nos deja un pensamiento, una idea indeleble: las cosas tienen que cambiar, cosas que debieron haber cambiado hace mucho tiempo.

En el G7 Laura García

Dumbo