El Mañana

domingo, 21 de abril de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

El jocoque

1 marzo, 2019

La novia de Impericio le confió a su mejor amiga: “No quiero hacer el amor con mi novio. He oído decir que en cada contacto sexual se transmite un promedio de un millón de gérmenes nocivos”. “Hazlo sin cuidado -le aconsejó la amiga-. El contacto sexual con Impericio está muy por abajo del promedio”… Babalucas se prendó de una linda muchacha llamada Susiflor. Un compañero de oficina le preguntó: “¿Ya le pediste que sea tu novia?”. Dijo Babalucas: “Sí. Anoche le declaré mi amor”. El amigo quiso saber: “Y ¿qué te contestó ella?”. Respondió el tontiloco: “No me dijo ni sí ni no”. El otro quedó intrigado: “Entonces ¿qué te dijo?”. Contestó Babalucas: “Me dijo: ‘Estás indejo’”… Don Cálamo Cano, señor de mucha edad, fue a la consulta del doctor Ken Hosanna. Lo acompañó su hija. “Doctor -se quejó el provecto paciente-, cada vez que le doy un trago a mi café siento como un piquete en el ojo”. La muchacha le dijo en voz baja al facultativo: “No le haga caso. Lo que sucede es que no saca la cuchara de la taza”… “Sospecho que mi esposa me está engañando con un esquimal” -le dijo un leñador de Alaska a su amigo-. Preguntó el otro: “¿Por qué supones eso?”. Explicó el receloso marido: “Llego a mi casa y oigo ruidos extraños. Abro el clóset, y nunca hay nadie ahí”. Acotó el amigo: “Ésos se esconden en el refrigerador”… El encargado de la sección internacional del diario le informó al director: “Hubo un temblor de 9 grados en Polonia. Desapareció todo un pueblo de nombre Szxplndzajprmntlwf”. Le indició el jefe: “Averigua cómo se llamaba antes del terremoto”… Terminado el trance de amor Libidiano le manifestó a su novia Claribel: “¡Cuántas ventajas tienen ustedes las mujeres sobre nosotros los hombres!”. “¿Por qué lo dices?” -quiso saber ella. Replicó Libidiano: “Después de haber hecho lo que acabamos de hacer tú no tienes que preocuparte de si yo quedé embarazado o no”… Sabrosa gala de la cocina mexicana antigua era el jocoque. Su nombre, desconocido por las generaciones nuevas, proviene del náhuatl ‘xococ’, que significa cosa agria. Nuestras abuelas lo hacían dejando toda la noche junto al fogón un jarrito de barro con leche de vaca -no de pasteurizadora-, la cual amanecía convertida en el rico manjar. De ahí el dicho aplicado a los políticos que hacían fortuna rápida, “como el jocoque, de la noche a la mañana”. Por fortuna es posible todavía hallar jocoque. El mejor que he probado es el de La Josefina, tradicional restorán en el camino entre Saltillo y General Cepeda, cabecera que fue del marquesado de San Miguel de Aguayo, regido por mujeres (“En casa de San Miguel el marqués es ella, la marquesa él”). Otro excelente jocoque es el de La Lupita, en Magdalena, Jalisco, donde se encuentran piedras que no sé por qué llaman “semipreciosas”, siendo que en verdad son preciosísimas. Todo esto viene a cuento para recordar el día en que don Poseidón, granjero acomodado, fue a la ciudad a visitar a su hija en la universidad donde estudiaba. Entró en la cafetería del campus y le preguntó al mesero si tenían jocoque. “Señor -le respondió muy digno el camarero-, estamos en la universidad. Aquí hay solamente bacilos cultivados”… Himenia Camafría y Celiberia Sinvarón, maduras señoritas solteras, fueron al zoológico. Se detuvieron frente al lugar donde el gorila estaba. El simio se les quedó mirando fijamente. De pronto saltó el foso que lo separaba de la gente; tomó en sus membrudos brazos a la señorita Himenia, volvió a saltar y se metió en la cueva con su presa. La señorita Celiberia le gritó exaltada: “¡Bestia salvaje! ¡Estúpido animal! ¿Qué tiene ella que no tenga yo?”… FIN.