El Mañana

viernes, 19 de julio de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

El método del ritmo

20 junio, 2019

Un tipo burlón y majadero le dice a otro: “Compadre: si me follo a su esposa, ¿usted y yo emparentamos?”. “No, compadre -responde el otro-. Simplemente empatamos”… Babalucas fue a visitar a un tío suyo que vivía en el campo. En los primeros días el señor le mostró a su sobrino la granja y los trabajos que en ella se hacían cotidianamente. Pero el visitante se aburría, y como la caza menor abundaba en los contornos, una mañana le dijo el granjero a Babalucas: “¿Por qué no te llevas el rifle y los perros, y vas a disparar unos cuantos tiros?”. El sobrino aceptó. Regresó una hora después. Extrañado, su tío le pregunta: “¿Cómo te fue en la cacería?”. “¡Fantástico, tío! -responde con entusiasmo el badulaque-. ¿Tienes más perros?”… En la sala de su casa aquel tipo veía el partido de futbol en la televisión. En la recámara la señora le dice al hombre con el que acababa de refocilarse: “Ya debes irte, Libidiano. El primer tiempo del juego está por terminar, y mi marido puede darse cuenta de que estás aquí”… Un marinero de Nantucket iba a casarse. Le pregunta un amigo en son de broma: “¿No irás a tener problema para consumar el matrimonio, Ahabio? Tu novia es grande de cuerpo, y tremendamente gorda”. “No habrá ningún problema -asegura el marino-. Llevo 20 años arponeando ballenas”… La niñita le pide a su papá: “Dime cómo es la luna, papi”. Responde el señor, desconcertado: “¿Por qué me preguntas eso?”. Explica la pequeña: “Es que oí que mi mamí le dijo al vecino: ‘No te preocupes, Pitoncio; mi marido jamás se dará cuenta. Siempre anda en la luna’”… Cuando el caballero medieval y su escudero llegaron al bosque encantado, la princesa, feliz y entusiasmada, estaba a duro y dale entregada a eróticos y febricitantes deliquios pasionales con el dragón. El escudero ve la escena y dice con tristeza a su señor: “Acepte la realidad, sir Galahad. Llegamos demasiado tarde a salvar a la princesa”… El viajero describía el pueblito en donde había estado. “Es tan pequeño -dice-, que ni siquiera tiene motel de paso”. Pregunta alguien: “Y ¿qué hacen los vecinos?, ¿van a otro pueblo?”. “No -explica el viajero-. Se prestan sus recámaras por turno”… A la hora del himeneo conyugal la señora empezó a acompasar sus movimientos amatorios, al tiempo que decía: “Un, dos, tres cuatro; un, dos, tres, cuatro…”. El marido, asombrado, le pregunta: “¿Por qué haces eso?”. Explica la mujer: “El doctor me dijo que para no encargar familia debo usar el método del ritmo”… El gerente del banco le pide al tipo que solicitaba un crédito: “Ponga aquí su nombre y firma, por favor”. El individuo toma la pluma, pero antes inquiere: “Perdone: cuando me presenté con usted ¿cómo le dije que me llamaba?”… El bebé salió con el pelito rizado. Le pregunta la enfermera a la mamá: “¿Así lo tiene el papá del niño?”. “No sé -responde ella-. Nunca se quitó el sombrero”… La madre de Pepito era de busto generoso, opimo, exuberante, ubérrimo, abundante. A la hora de la comida el papá del chiquillo lo reprende, y le dice: “No importa lo que ponga en ella tu mamá. Tú quita los codos de la mesa”… Un hombre regresó a su casa después de haber pasado seis meses en Europa. Le pregunta a su mujer: “En todo este tiempo ¿me fuiste fiel?”. “Por supuesto que sí -responde ella-. ¿Y tú?”. “También, claro” -contesta él-. Esa noche se pusieron a hacer el amor. En eso se oyó un ruido. “¡Mi marido! -exclama ella asustada-. Y él brincó de la cama y saltó por la ventana… En la recámara la mujer de don Languidio puso en el estéreo una grabación con una vibrante interpretación del Himno Nacional. Le dice con un suspiro a su senescente esposo: “A ver si con esto”. (No le entendí)… FIN.