El Mañana

domingo, 22 de septiembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

El monstruo de los ojos verdes

16 agosto, 2019

“¿Soy yo el primer hombre con el que duermes?”. Esa pregunta le hizo el novio a su flamante mujercita al comenzar la noche de las bodas. Respondió ella: “Si te quedas dormido, sí”… Una señora llamada doña Otelia estaba poseída por el monstruo de los ojos verdes, que así llamaban los antiguos a los celos. Esto de los celos es algo muy extraño. Resulta inentendible, por ejemplo, que un hombre que por años no ha mirado a su mujer se ponga furioso si otro hombre la mira. Los celos femeninos suelen ser más enconados que los del varón. Basta recordar a Medea, cuyos terribles crímenes por celos son tema de algunas de las más trágicas tragedias griegas. Cuídate de una mujer celosa: es capaz de todo, hasta de amarte. Pero me estoy alejando de mi historia. Vuelvo a ella. Doña Otelia revisaba todos los días las solapas del saco de su esposo. Un día descubrió un cabello claro. “¡Me estás engañando con una rubia!” -clamó con iracundia-. Al siguiente día encontró un cabello oscuro. “¡Me estás engañando con una morena!” -profirió furiosa-. Un día después no halló ningún cabello. “¡Ah! -montó en cólera ignívoma-. ¡Me estás engañando con una mujer calva!”… El médico del pueblo salió de cacería con su carabina al hombro. Lo vio un lugareño y le preguntó, curioso: “¿A dónde va, doctor?”. Respondió el facultativo: “Voy a cazar conejos”. “Ah, vaya -dijo el otro-. Pensé que llevaba el rifle por si le fallaban los recursos de la ciencia”… Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le comentó a un amigo: “Tengo una nueva novia. Me gusta porque es hermosa, culta, amable, inteligente, simpática y adúltera”… “¡Mesero! -llamó el indignado cliente-. ¡Este pescado blanco de Pátzcuaro me sabe a mar!”. “No me extraña, señor -repuso el camarero-. Los peces de ese lago suelen ser muy cariñosos”… El joven marido fue a la farmacia a comprar un condón. El farmacéutico le dijo: “Se nos acabaron los de color blanco. Tenemos solamente preservativos negros y otros color de rosa con pintitas verdes”. “Deme uno negro” -pidió el muchacho-. Pasaron 10 años de esto que he narrado. Una mañana el hombre que compró aquel condón estaba en la sala de su casa. Se le acercó su hijo mayor y le preguntó: “Papá: ¿por qué todos mis hermanitos son blancos, y yo soy negro?”. “¡Anda, caón! -le contestó su padre con enojo-. ¡Y date de santos de no haber nacido color de rosa con pintitas verdes!”… Don Firulete, señor de buena sociedad, pasó frente a una tienda de mascotas y vio en el escaparate a un loro que le pareció simpático. Entró y le preguntó al dueño el precio del perico. Le informó el hombre: “Lo tengo en oferta, porque perteneció a una chica de tacón dorado, y a veces usa un lenguaje inconveniente. Cuesta 500 pesos”. Completó el cotorro: “Pero por mil te hago las tres cosas, guapo”. (Nota de la redacción. En otras ocasiones nuestro estimado colaborador ha usado esa frase: “Las tres cosas”. Sin embargo nunca ha aclarado cuáles son. Lamentamos sinceramente la omisión, que por desconocimiento de la materia nos vemos en la imposibilidad de remediar)… Un individuo fue llevado ante el juez acusado de provocar desorden en la vía pública. Le dijo el juzgador. “No es la primera vez que usted viene a dar aquí por revoltoso. Su conducta es indigna, impropia de una persona de buen vivir. Lo condeno a un mes de cárcel. Y no quiero verle la cara otra vez”. Respondió el sujeto: “Si no quiere verme la cara otra vez ya no vaya al congal al que va todos los viernes. Yo soy el cantinero”… FIN.