El Mañana de Nuevo Laredo

Pedro Chapa Salinas

En voz alta

Pedro Chapa Salinas

19 julio, 2020

El Pacto por saquear a México



Corría mediados del año 2012, mucho estaba en juego ya que por segunda ocasión consecutiva la mayoría del pueblo colocaba a la oposición liderada por el hoy presidente de México por encima en las preferencias electorales. Felipe Calderón, desesperado, al ver que la candidata de su partido, que no la suya, no prendía, decide acercarse a Peña Nieto, no sólo traicionando a su partido, sino que buscando un acuerdo para asegurar su impunidad.  Y al ver que esto no era suficiente para darle la vuelta a la elección, se comenzó a fraguar uno de los fraudes más lesivos en la historia moderna de nuestro país, comparado sólo con la secesión de nuestro territorio a los gringos hace ya 170 años. El tristemente célebre Pacto por México. El resto es historia, sin embargo, por tratarse de uno de los episodios más negros de nuestro pasado político, y para asegurar la no repetición, es imprescindible nunca olvidar.
Carlos Salinas de Gortari, el verdadero titiritero de la mafia que añora regresar al poder para seguir robando, es el que se ha encargado de manejar los hilos de la política neoliberal conservadora hasta el momento. Habremos de recordar que desde entonces, cuando perdió la elección contra Cuauhtémoc Cárdenas maquinó una estrategia muy parecida a la de hace 8 años, jalada de la reacción traicionera liderada por Santa Anna del siglo antepasado, la otrora maniobra para legitimar su fraude, recordada como la concerta-cesión, en donde se agarró repartiendo desde terrenos en la playa, como los de Punta Diamante que sirvieron para arreglar al Jefe Diego, quien terminó levantándole la mano en señal de triunfo, pasando por las canonjías entregadas al clero y los privilegios a trasnacionales, hasta llegar a consumar el trágico desenlace del magnicidio de su sucesor con tal de seguir preservando el poder.
En esta ocasión, los vende patrias repitieron la misma receta con la que están acostumbrados a aferrarse a la Silla presidencial, sólo con un ingrediente de descaro adicional, como si no fuera poco la rapiña utilizada para sellar la tranza, se comenzó a articular una red de corrupción que constaba en solicitar abiertamente recursos a los empresarios, nacionales y extranjeros, que estuviesen interesados en hacer negocio con el gobierno, a cambio de la entrega de contratos multimillonarios en el ramo energético, así como la garantía de impunidad para todos aquellos pillos que, por más larga cola que tuvieran, obtendrían seguridad y protección del nuevo gobierno. Y no sólo eso, se estableció una estructura de sobornos a legisladores del PRIAN y del PRD para amarrar las mal llamadas “Reformas Estructurales”, que como siempre supimos fueron el trágico remate de los bienes de la nación.
La caja de Pandora está comenzando a flotar, y con ello los círculos que rodearon a los expresidentes hoy involucrados en el desmantelamiento del Estado por fin comenzaron a temblar. La reacción se retuerce de miedo ante el esclarecimiento de los crímenes cometidos contra la nación. Comienzan a dejar solos a los expresidentes, empieza el corredero de ratas por la ciudad. Unos argumentan que no los conocen, otros se quieren desmarcar. Unos se refugian en pozos, otros huyen al exterior. Algunos se vuelven locos y empiezan a delirar, otros comienzan a tirar golpes a diestra y siniestra en una clara muestra de acorralamiento rezando para que todo esto pronto pueda acabar. Pero de lo que debemos estar muy seguros es de que la historia tiene memoria, y que el pueblo de México no olvida todo este triste episodio de la vida pública que nos quiso robar una patria y que hoy exigimos paguen con su libertad.
Adendum:
La justicia se tarda, pero invariablemente llega. Nadie se escapa. De una manera o de otra, todo lo que se hace o se deja de hacer, más temprano que tarde llega el momento de pagar.
Ojalá que en este caso en el que depende de que los que la hicieron la paguen, no se vaya a caer por parte del Poder Judicial en otra canallada más de dejar ir a los culpables del más grande saqueo que hemos vivido desde que tenemos uso de razón.
Es un momento histórico, y quizá la única gran oportunidad de sacudir la vida pública de nuestro querido país. Para ello es imprescindible que se lleve a juicio a los expresidentes desde Salinas, hasta Peña, pasando por Calderón. Las pruebas ahí están, y son más que evidentes.
Es la única manera de sanear, de una vez por todas, la vida pública, y privada, de nuestra nación.

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