El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

El perico, macho o hembra

3 marzo, 2019

En el vagón del tren, a oscuras pues era ya de noche, se oyó desde una litera la dulce voz de la novia que le dijo a su galán: “No puedo creer que estemos ya casados, Recesvindo”. A poco se volvió a oír la anhelosa manifestación de la muchacha: “Recesvindo: no puedo creer que estemos ya casados”. No pasaron dos minutos sin que de nueva cuenta se escuchara decir a la amorosa joven: “Recesvindo: no puedo creer que estemos ya casados”. En eso se oyó la voz de un pasajero que desde su respectiva litera sugirió irritado: “Súbetele, Recesvindo, para que se convenza de que ya están casados y que todos podamos dormir en paz”… Don Crésido, rico señor de edad más que madura, le comunicó a su esposa: “Voy a hacer mi testamento”. “Qué bueno -se alegró ella-. Seguramente lo harás a favor de la que te ha dado calor y tibieza en la cama todos estos años”. “¡Claro que no! -objetó enfático don Crésido-. ¿A quién se le ocurre heredarle sus bienes a una cobija eléctrica?”… Esa mañana doña Macalota le reclamó, llorosa, a su esposo don Chinguetas: “Anoche estuviste hablando dormido y llenaste a mi mamá de injurias, vituperios, maldiciones, insultos e improperios”. Respondió con hosquedad Chinguetas: “¿Y quién te dijo que estaba dormido?”… Capronio, hombre ruin y desconsiderado, da a sus amigos dos consejos para un buen matrimonio. Primero: tener una buena relación con la esposa. Segundo: saber con la esposa de quién”… Rapavelas, el sacristán del templo, le preguntó al padre Arsilio: “Señor cura: ¿cuál es el origen del mal llamado gota reumatoide?”. El buen sacerdote vio en la pregunta una oportunidad para amonestar a su sacristán, pues conocía sus excesos de todo orden y desorden. Le dijo: “Esa penosa enfermedad es ocasionada por el abuso de las bebidas alcohólicas, por la glotonería en el comer y por el trato con mujeres de la mala vida”. “Qué extraño -ponderó Rapavelas-. Oí decir que el señor obispo tiene gota reumatoide”… Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, se jactó ante sus compañeras: “Los periódicos dicen de mí que soy un símbolo sexual”. Preguntó una: “Y ¿qué dice tu marido acerca de eso?”. Respondió Nalgarina: “Él usa otra palabra”… Don Inepcio le reprochó a su esposa: “Nunca me dices nada cuando has quedado sexualmente satisfecha”. Explicó ella: “Es que cuando quedo sexualmente satisfecha tú nunca estás ahí”… La señora Nacareta regresó a su domicilio antes de lo previsto y sorprendió a su esposo Calorino en ilícito consorcio de carnalidad con la joven y bien formada criadita de la casa. “Perdóname, mujer -se justificó el cachondo señor-. Me dejé vencer por el apetito de la carne”. Días después don Calorino encontró a su mujer en trance de fornicio con el vecino de al lado. “Discúlpame, marido -le dijo la señora-. Yo tampoco soy vegetariana”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, abordó el elevador en el piso 36 del edificio para ir a la primera planta. El elevadorista bajó a la velocidad del rayo y detuvo con violencia el ascensor. Tal fue la sacudida que el muchacho se preocupó. “¿Frené demasiado bruscamente?”. “No -replicó doña Panoplia con tono ácido-. Siempre acostumbro llevar los calzones en los tobillos”… Himenia Camafría, madura señorita soltera, compró un loro. Días después regresó a la tienda de mascotas y le peguntó al dueño si el perico que le había vendido era macho o hembra. “Difícil es saberlo -contestó el hombre-. Pero haga lo siguiente: dele únicamente galletitas a mañana tarde y noche durante un mes. Si al cabo de ese tiempo el cotorro dice con enojo: ‘¡Ya estoy de galletitas hasta los güevos!’, eso significará que es macho”… FIN.