El Mañana

viernes, 27 de marzo de 2020

Catón
De política y cosas peores Catón

El perico no quería cantar

22 febrero, 2020

“Te engañé, Flordelisia -le dijo el lascivo galán a la exuberante y atractiva fémina-. No te invité a venir a mi departamento para mostrarte mi colección filatélica: te traje para gozar tus pródigos encantos”. “No te apures -lo tranquilizó Flordelisia-. Yo también te engañé. No soy Flordelisia: soy Flordelisio”. (Nota: Y estaba bien grandote el desgraciado)… El padre Arsilio empezó su sermón. “Hijos míos -dijo a sus feligreses-, voy a hablarles del infierno”. Don Martiriano, el sufrido esposo de doña Jodoncia, se inclinó sobre su vecino de asiento y le dijo: “Qué va a saber él del infierno. No es casado”… Aquel tipo se compró un perico. Después de ímprobos esfuerzos consiguió por fin que el pájaro aprendiera a cantar la sentimental balada “Love is a many splendored thing”, éxito de Nat King Cole. El pasado 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, el hombre llevó al cotorro a la cantina de la cual era asiduo parroquiano y dijo a los que ahí se hallaban: “Les apuesto doble contra sencillo a que mi perico sabe cantar la sentimental balada ‘Love is a many splendored thing’, éxito de Nat King Cole”. “Y de Los Panchos” -añadió alguien más local-. Casi todos los presentes aceptaron la apuesta. El individuo se volvió hacia el perico y le ordenó: “Canta ‘Love is a many splendored thing’”. El loro quedó en silencio, “freddo ed immobile come una statua”. Ni una nota salió de su curvado pico. “Canta” -le dijo de nueva cuenta el hombre. Y el loro absolutamente mudo. “¡Canta, caón!” -se exasperó el sujeto-. Nada. El tipo tuvo que pagar las apuestas, con grave mengua para su bolsillo. Al salir con el perico le reclamó furioso: “¿Por qué no cantaste, maldecido? Me hiciste perder mucho dinero”. “No seas indejo -replicó el cotorro-. ¡Imagínate cómo se van a poner las apuestas cuando me traigas aquí el Día de la Madre y les digas que puedo recitar ‘El brindis del bohemio’!”. (Nota: Éxito de don Manuel Bernal)… Don Poseidón, ranchero acomodado, acudió a la consulta del doctor Ken Hosanna. “Busco algo para el estreñimiento”. El facultativo precisó: “Querrá usted decir constipación, apretura de vientre, astricción, coprostasis, obstrucción, estipiquez o estipticidad y obstipación”. “No sé qué sea todo eso -se atufó el vejancón-, pero quiero una medecina (así dijo) para el atoro”. Contestó el de la farmacia: “Le prepararé un preparado (así dijo). Mientras tanto disfrute este sabroso refresco de zarzaparrilla, cortesía de la casa”. Bebió don Poseidón el tal refresco, pues en la ciudad sentía siempre mucha sed. El farmacéutico vio cómo lo apuraba. Le preguntó don Poseidón: “¿Y la medecina para el estreñimiento?”. “Se la acaba usted de tomar -respondió el hombre, sonriente-. El refresco que le di es en realidad un poderoso purgante. Vaya ahora mismo a su casa, pues la purga no tardará en hacer efecto”. “¡No cabe duda! -exclamó don Poseidón, admirado-. Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Pero permítame hacerle tres observaciones”. “Adelante” -concedió el farmacéutico-. Enunció don Poseidón: “Primera: a mí las purgas me hacen un efecto instantáneo. Segunda: mi casa está a 50 kilómetros de aquí. Y tercera: ¡la medecina no era para mí, grandísimo indejo! ¡Era para mi señora!”… “En batallas de amor expiro desarmado”. Eso le dijo don Valetu di Nario a su doctor. El médico entendió que el provecto paciente sufría de disfunción eréctil. Buscó en su cajón y le dio un frasquito con pastillas. “Tómese una antes del acto -le indicó-. Pero tenga cuidado: la pastilla es de efecto inmediato”. Una hora después don Valetu llamó por teléfono al facultativo. “¡La pastillita funcionó! -le dijo lleno de entusiasmo-. ¡Nomás estaba esperando a recuperarme para decírselo!”. Inquirió el médico: “¿Tuvo efecto inmediato la pastilla?”. “¡Sí, doctor! -confirmó don Valetu, feliz-. ¡Pregúntele a su recepcionista!”… FIN.