El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Jorge Ramos Ávalos
Artículo Jorge Ramos Ávalos

El sueño verde

12 marzo, 2019

Es muy posible que el 2019 sea uno de los años más calurosos de tu vida. Pero si las cosas siguen igual, los años que vienen podrían ser aún peores.

La Tierra, irremediablemente, se está calentando y la pregunta es si estamos dispuestos a hacer lo necesario para evitar una tragedia ambiental. Prefiero pensar que queda poco tiempo para corregir el rumbo que aceptar un pronóstico catastrofista.

Por favor, no le hagas caso a Donald Trump en esto. El Presidente no cree en la ciencia; avisó que Estados Unidos se saldrá del Acuerdo de París -para reducir las emisiones mundiales de gases en la atmósfera- y se rehúsa a reconocer que los seres humanos somos culpables del cambio climático.

En noviembre, en un tuit, Trump dijo: “Una brutal y extendida ola polar puede romper todos los récords. ¿Qué pasó con el calentamiento global?”. Trump, con un peligroso humor negro, prefiere ver el árbol y no el bosque. Pero no da risa.

La NASA anunció hace poco que continúa el aumento constante de las temperaturas en el planeta. Sus científicos, tal y como lo publicó el diario The New York Times, hicieron un promedio de las temperaturas que había entre 1880 y 1899. Y luego se dieron cuenta de que los últimos cuatro años registrados -2015, 2016, 2017 y 2018- eran los más calientes en 140 años.

El mundo en el 2018, dice el NYT, tenía un grado centígrado más de temperatura (o 1.8 grados Fahrenheit) que a finales del siglo 19.

Sí, ya sé lo que estás pensando. Total, ¿qué es un grado más? Es muchísimo, sobre todo si tomamos en cuenta que ése es sólo un promedio mundial y que hay partes de la tierra que han aumentado mucho más de temperatura.

Las consecuencias de este cambio climático están por todas partes. En la Florida, donde vivo, y en la costa Este de Estados Unidos tenemos tormentas y huracanes más poderosos y frecuentes. Esto mientras en el otro lado del país, en California, sufren de brutales e incontrolables incendios.

Los polos, que son los congeladores de la Tierra, se derriten a niveles nunca antes vistos. Hay islas en peligro de extinción por los crecientes niveles del mar -ve por favor el durísimo documental de Michael Adams sobre el peligro para los habitantes de unas islas en Panamá, disponible en elnorte.com/panama- y hasta las corrientes oceánicas se están modificando.

El resultado es uno solo: muerte (de humanos, de vida marina, del ecosistema). De la naturaleza queremos constancia. Que salga el sol y se vuelva a meter, y que nuestro entorno se mantenga igual. Pero estoy seguro de que, donde vives, ya hay ejemplos de destrucción.

Llueve donde no llovía, nieva donde hacía calor y te sofocas donde helaba; hay agua y erosión donde existían playas, algas donde había peces y grises donde había color; viento donde nada soplaba y todo ocurre con más violencia. Es la naturaleza desatada, desencajada, fuera de orden, con el rumbo perdido.

Ojalá esto fuera amarillismo. Pero no soy dramático. A mí me quedan unos años y listo. La bronca es para los que se quedan, para mis hijos y sus hijos. Por eso no me sorprende que haya sido la congresista más joven en la historia de Estados Unidos, Alexandria Ocasio-Cortez, de 29 años de edad, quien haya tomado la iniciativa de proponer un Nuevo Acuerdo Verde.

Su ambiciosa propuesta -irrealizable, dicen sus críticos- es a 10 años. Y en ese tiempo quiere que toda la energía que se utiliza en Estados Unidos sea limpia, renovable y que no genere desperdicios. A la larga, reemplazando aviones, se crearía un sistema de trenes (rápidos y eficientes) como los que hay en Japón y algunos países europeos.

Eso requeriría cambios radicales desde ahora. Y no existe la voluntad política para hacerlo. Por eso la líder de la Cámara baja, Nancy Pelosi, lo calificó como un “sueño verde”. Y la congresista Ocasio-Cortez, tan ágil con las palabras como en las redes sociales, transformó esa crítica en una misión: “Sí, creo que se trata de un sueño verde”.

Aunque ese proyecto no despegue, lo importante es notar el sentido de urgencia que existe. Es, literalmente, una situación de vida y muerte. Alexandria y su generación no van a permitir que gente como Trump decida por ellos y por eso le arrancaron la agenda de sus manos. Es su futuro, su planeta, su vida, su sueño.

opinion@elnorte.com