El Mañana de Nuevo Laredo

Sebastián Martínez de la Rosa

La educación somos todos

Sebastián Martínez de la Rosa

29 octubre, 2020

El Súper Supervisor



En febrero de 2016 Aurelio Nuño Mayer -exsecretario de Educación-, anunció que dentro de la reforma de Peña Nieto se consideraba como figura elemental del sistema educativo al supervisor de zona; parecía lejano el tiempo en que Emilio Chuayffet le daba dicho honor y “protagonismo” al director escolar.

Nuño Mayer mencionó que desde ese momento las zonas escolares se reorganizarían para que cada supervisor tuviera a su cargo un máximo de seis escuelas -actualmente tengo once-, lo que le permitiría dar un seguimiento más adecuado y meticuloso al actuar de los centros educativos que en su zona se encontraran. También señaló que se gestionaría que cada supervisor escolar contara con una persona que los apoyara en la gestión y les permitiera concentrarse en sus tareas de supervisión y que pudieran contar también con al menos uno o dos asesores técnico-pedagógicos que les ayudarían a realizar de mejor manera su trabajo para cumplir con esta responsabilidad”. Hace cuatro años de esas declaraciones y aún no se materializa ninguna de esas propuestas.

Sin duda, son los supervisores quienes tienen de manera directa la responsabilidad de los centros de trabajo a su cargo, si un directivo o docente se equivoca, ellos no pueden hacerlo… el supervisor es la figura clave para que el plan educativo se aplique, y es -sin lugar a duda- quien representa el avance o retroceso del logro educativo de una zona escolar.

Hasta antes de la reforma de Peña Nieto, los supervisores eran nombrados por un sistema de escalafón, se consideraban muchos aspectos que sólo la antigüedad te permitía reunirlos… posterior a la reforma el sistema cambió,  quienes tenían una antigüedad de dos años en el cargo de director de escuela, podían concursar para ascender a la categoría de supervisor de zona. El concurso no era tan fácil como se lee, se debía presentar un examen dividido en dos partes con tres horas de duración cada uno, dicho examen pretendía medir las competencias reunidas dentro de cinco dimensiones:

Primeramente se buscaba a un supervisor que conociera el sentido de su función, los propósitos educativos y las prácticas que propician aprendizajes.

También debía ser un supervisor que impulsara el desarrollo profesional del personal docente y la autonomía de gestión de las escuelas; que coordinara, apoyara y diera seguimiento al trabajo de los docentes, directivos y asesores técnico pedagógicos, y estableciera el enlace con las autoridades educativas para garantizar el logro educativo de todos los alumnos.

El funcionario en cuestión debía ser un supervisor que se reconociera como un profesional que mejorara continuamente, que tuviera disposición para el estudio y para emplear las Tecnologías de la Información y la Comunicación con fines de aprendizaje, intercambio académico y gestión escolar.

Y además ser un supervisor que conociera, asumiera y promoviera los principios legales y éticos inherentes a su función y al trabajo educativo, a fin de asegurar el derecho de los alumnos a una educación de calidad.

Y también debía ser un supervisor que reconociera la diversidad de los contextos sociales y culturales de las escuelas y que promoviera las relaciones de colaboración entre ellas, con las familias, las comunidades y otras instancias.

En fin… un “todopoderoso” que controlara, vigilara, hiciera valer, asumiera, regañara, justificara, simpatizara, planeara, guiara, evaluara, reconociera, incentivara, debatiera, mediara… en fin, el supervisor era quien se debía consolidar como el líder de una comunidad, de un territorio o hasta de una región; su trabajo no debía estar limitado al escritorio… y debía tomar su papel como asesor de los directivos de las escuelas a su cargo para que el logro educativo fuera significativo.

Después de todo lo anterior, le puedo decir que a casi cinco años de aquellas declaraciones y habiendo sido nombrado supervisor en esos mismos días… la situación sigue igual. No contamos con personal administrativo en la mayoría de las supervisiones; batallamos porque nos permitan comisionar a nuestros Asesores Técnico Pedagógicos;  algunas zonas escolares son excesivamente grandes, lo que dificulta el brindar un seguimiento adecuado; además de la excesiva carga administrativa que nos obliga a estar sentados en los escritorios para llenar formatos y entregar listas que sólo servirán para archivarse en oficinas administrativas.

Algún día… algún día…

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