El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

‘El tico tico’

6 febrero, 2019

Sobre esa orden no había discusión alguna, pues eso llenaba de orgullo a cualquier madre, entonces a ese niño, a esa niña no le quedaba más que aceptar, el obedecer, así formar parte de ese grupito artístico para cumplirle ese deseo; mas sin embargo y al escuchar por primera vez el tema musical, casi se iban de espaldas al saber que lo que iban a bailar no era algo moderno ni magnífico, sino aquel extraño y añejo tema conocido como: “El tico tico”.

En sus mentes aún revolotean aquellos momentos en que la maestra acostumbraba el poner en su grabadora de casette la música para que los participantes se lo fueran aprendiendo, así y después de más de veinte veces, apenas y le “agarraban” el ritmo.

Inolvidable es aquel día en que la profesora comenzaba a formar parejitas, para lo mismo acostumbraba el analizar a todos los alumnos, y como ya conocía sus costumbres, su timidez o su rápido desenvolvimiento, en base a eso empezaba a seleccionarlos.

El día del ensayo, los gritos desesperados de la maestra, sus indicaciones, sus repetidas sesiones eran ya algo común; así y muy presionada a las niñas les indicaba que tenían que tener la cabeza muy firme y alzada, y a los niños agitar y agitar constantemente las manos.

Instrucciones que luego hacían caer en razón, pues las niñas llevarían una fruta sobre la cabeza y los niños en sus manos un par de maracas.

Todo era divertido, hasta aquel momento en que informaban cómo iban a ser los atuendos; y así, tanto para los niños como para las niñas blusas y camisas en colores azules, rosas y rojas estampados con bolitas, amarradas a la cintura, con muchos olanes en las mangas, para los niños pantaloncillos a las rodillas y a las niñas faldas largas ambos en color blanco.

Aparte de eso, ganas no dan el recordar que todos tenían que ir pintados de negritos, tanto así que tan sólo los ojos brillaran; ese Día de las Madres para todos estos niños, para todas estas niñas, después de su participación, no cesaron los aplausos, los buenos comentarios, constantes vitoreadas, al provocar por igual infinidad de carcajadas.
Estas etapas de la vida escolar es algo de lo que nunca se puede olvidar, y no por esos detalles carismáticos, chistosos, sino por tenerlas siempre en el diario quehacer, como en el trabajo, en el hogar, en eventos públicos, como amigo, como ese familiar.

Al entender que, por el hecho de haber participado en un simple, sencillo y fugaz bailable, obra de teatro, actividad deportiva, grupal, participativa, implicó ese aprendizaje, esa apertura de carácter, ese completo desenvolvimiento, ese mejoramiento, esa desinhibición, esa formación como excelente persona, no creada, sino sacada de lo más profundo, de la esencia de ese inocente ser.