El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

En el popular motel Kamagua

30 marzo, 2019

El ardiente galán y su nerviosa novia estaban en el cuarto 110 del popular Motel Kamagua. Sucedió lo que suele suceder en los establecimientos de ese tipo. Acabado el amoroso trance la muchacha se echó a llorar llena de aflicción. “No llores, vida mía -la consoló él-. Mañana mismo iré con tus padres a pedir tu mano, y pronto nos casaremos”. “Ah, bueno -dijo ella enjugándose las lágrimas-. Entonces vamos a echarnos otro”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de sociedad, sorprendió a su esposo don Sinople en la cama de la criadita de la casa. La linda mucama no traía más ropa que los dos moñitos de sus brunas trenzas, y don Sinople la estaba besando incluso en los labios. “¡Canallainfamepérfidobribón!”, le gritó la señora hecha una furia a su desleal consorte en un solo golpe de voz. “¡Panoplia! -exclamó el cachondo marido con simulado asombro-. ¿Qué no eres tú la mujer con la que estoy? ¡Ah, te digo que necesito lentes!”… Don Chinguetas fue a visitar a un amigo suyo que estaba en el hospital. Lo halló postrado en el lecho del dolor y vendado igual que momia del Museo de El Cairo. Le preguntó: “¿Qué tienes?”. Respondió con feble voz el infeliz: “Vionos”. “¿Vionos? -repitió sin entender Chinguetas-. ¿Es algún virus o bacteria de los que modernamente han descubierto los patólogos?”. “No -repuso con lamentoso acento el encamado-. Estaba yo con una mujer casada; llegó el marido y vionos”… Un conocido político viajaba en jet y entabló conversación con su vecino de asiento. Éste, que lo conocía de oídas, le dijo: “Según los periódicos es usted muy indeciso. ¿Es cierto?”. En eso llegó la azafata y le preguntó al político: “¿Quiere usted café o té?”. El hombre ponderó la cuestión y pidió luego: “Mitad y mitad”… Picio, hombre feo de solemnidad, invitó a Dulciflor a tomar una copa. La muchacha, que era de naturaleza compasiva, aceptó la invitación para no herir los sentimientos del endriago, pero a fin de no dar lugar a equívocos invitó a su vez a una amiga suya. Dulciflor y Picio pidieron sendas margaritas, y la otra chica pidió un vampiro. Cuando el mesero regresó con las bebidas le preguntó a la amiga de Dulciflor: “¿Usted es la del vampiro?”. “No -respondió la interrogada-. Él viene con mi amiga”… Llovía copiosamente. La esposa de don Languidio Pitocáido le sugirió: “Saca esa cosa por la ventana. He leído que con la lluvia todo cobra vida”… Don Poseidón le preguntó, severo, al pretendiente de su hija: “¿Está usted seguro, joven, de que puede hacer feliz a Dulciflor?”. “¡Uh! -exclamó con suficiencia el galancete-. ¡La hubiera visto anoche!”… Un juez local conoció el caso de cierto ciudadano que se quejó de haber sido insultado en una farmacia. Explicó el farmacéutico: “El señor me preguntó qué debía hacer con el supositorio que le recetó el médico. Yo lo único que hice fue decírselo”… El padre Arsilio le reclamó a don Poseidón: “Siempre te duermes en mis sermones”. El vejancón se defendió: “Padre: ¿usted cree que me dormiría si no tuviera absoluta confianza en lo que va a decir?”… Libidio, lascivo galán, llevó a su novia al romántico y solitario paraje llamado El Ensalivadero. Sobre el césped tendió una cobija que para el efecto llevaba preparada y sobre ella tendió a Flordelisia, que así se llamaba la muchacha. Procedió luego a realizar con ella el consabido trance natural. En eso estaban cuando la chica exclamó emocionada: “¿Verdad que es muy hermoso el cielo constelado?”. Entre acezos respondió Libidio: “No estoy en posición de opinar”… FIN.