El Mañana

lunes, 27 de enero de 2020

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

En el rincón, una caja

4 diciembre, 2019

El adornar y poner el pinito de Navidad era algo inevitable,
no era una súplica, era una orden de la esposa y madre; indicación que resonaba
en la cabeza de aquel señor como algo interminable, ¡viejo!, tráeme los
arreglos navideños de la casa, ve al cuartito de afuera, ahí encontrarás en el
rincón, una caja.

Con el pino no había problema, del cercano monte se cortaba
de ese frondoso árbol un grueso y tupido tramo, el viejo se pulía para darle su
parecida forma, después, ese “arreglo casero” se colocaría de nuevo cerca de la
pequeña ventana, para eso, se recorrían las cortinas para que se luciera.

Con algo de nostalgia, pero desesperada, la señora
desenredaba la ristra de luces navideñas, esas que ya estaban algo de moda
pasadas.

Pero la señora no requería de sus inseparables lentes para
confirmar que muya lo lejos, su vecina de enfrente, ya había puesto unas luces
más grandes, por lo que podía ver y en unos instantes, que eran nuevas, mucho más
brillantes.

No me gustan las luces, yo quiero unas nuevas, esas eran las
palabras para aquel señor en su momento de descanso, la de enfrente compró en
no sé dónde unas muy bonitas, ven mira viejo, para que las veas, corre las
cortinitas.

Antes de decir algo, la dama de la casa ya estaba sentada en
aquella troca de polveras por fuera, agarra esa vereda y dirígete por la
Moctezuma rumbo al parque, quizás en la Farmacia San Martín las encuentre, si
no en alguna otra parte, no mejor vamos a la Farmacia Universal por la calle
Laredo, vete por ahí, le señala con el dedo.

Vaya a la Supertienda Laredo, justo por donde se encuentra
la Mueblería Guerrero, es la Mina y General Anaya en la colonia Buenavista,
quizás allá encuentre eso que ustedes buscan, con amabilidad les indicaba la
recepcionista.

Justo en la González y Mendoza cargaban gasolina, para eso
hacían una larga fila que llegaba hasta la esquina, oiga, preguntaban al
despachador, por dónde me voy para llegar a la tienda Laredo, siga por esta de
frente hasta la Eva Sámano, ahí da vuelta una o dos cuadras, le indicaba
mientras surtía el combustible con demasiado esmero.

La sonrisa de la dama daba cuenta que esas eran las luces
que ella buscaba, unas muy brillantes, otras multicolores pero elegantes, las
primeras cuestan quince pesos, las segundas veinticinco, les manifestaba el
comerciante, el rostro del esposo se desfiguraba cuando la señora conservaba en
sus manos esa ristra de luces multicolores que ansiaba.

El regreso de aquella pareja a su casa era mucho más rápido que la ida, y mientras atravesaban los caminos terregosos tan sólo viendo a su paso una que otra casucha de esa alejada colonia, no dejaba de pensar aquel señor temperamental, el cómo iba a colocar esas luces de colores en lo alto de su jacal.

Este era el Nuevo Laredo que emergía en la década de los años sesenta, setenta, ese era el tipo de gente que habitaba esta frontera, estas eran sus costumbres, ¿así lo recuerda usted?