El Mañana de Nuevo Laredo

Guadalupe Loaeza

Artículo

Guadalupe Loaeza

20 marzo, 2020

‘En guerra…’



“Estamos en guerra”, repitió seis veces en su discurso
Emmanuel Macron al dirigirse a la nación.

En un tono particularmente solemne y después de haberse
reunido con expertos, el jefe de Estado francés dio un mensaje a millones de
televidentes para informarles que, ante los miles de contagios y 148 muertos en
el país, “a partir de mañana al mediodía (martes) y durante al menos 15 días,
nuestros viajes (internos) se reducirán considerablemente. Esto significa que ya
no se permitirán las reagrupaciones externas, ni las reuniones familiares o
amistosas. Encontrar amigos en el parque o en la calle ya no será posible”.

“Estamos en guerra…”, decía con toda la contundencia del
caso. Macron no exageraba, se apoyaba en los datos de los hospitales en
distintas regiones de Francia, los cuales ya están desbordados con los
pacientes que presentan graves síntomas del Covid-19.

“Todos estamos de acuerdo en que el confinamiento era una
medida necesaria… para el 98 por ciento de las personas infectadas la
enfermedad es inocua, el 2 por ciento de los pacientes Covid-19 sí van a
necesitar una hospitalización en un servicio de cuidados intensivos. El
problema es que en este momento no podemos acoger esa demanda”, dijo el
paramédico Rodrigo Martínez a Enfoque Internacional.

En Francia hay 5 mil camas equipadas con respiradores. No
son suficientes. Para colmo, los fabricantes de respiradores tienen una demanda
urgente para muchos otros países de Europa. Los expertos aseguran que en dos semanas
Francia alcanzará el pico de la epidemia, es decir, el punto máximo.

En París, no hay camas suficientes. Nada más existen 870
para cuidados intensivos. A esto habría que agregarle los riesgos de infección,
de allí que el paciente debe ser instalado en una “burbuja” para su absoluto
aislamiento, similar al que se utilizaba para la epidemia de ébola.

El equipo médico también debe estar protegido con máscaras,
gafas, batas quirúrgicas, delantales, etc. “Estamos en guerra…”, repetía con
razón en su discurso Macron.

Más que los actos terroristas, el Covid-19 tiene aterrados a
los franceses:

“La situación se agrava, y va a durar. Es probable que nos
toque afrontar la medicina en situación de catástrofe, es decir, dos enfermos
para un solo respirador. Y seremos los médicos los que tendremos que escoger”,
advirtió el paramédico. Por todo lo anterior, Macron insistía en su discurso el
respeto estricto de las medidas de confinamiento decretadas por su gobierno.

Para el Presidente de Francia, hasta ahora sus compatriotas
se han comportado de forma muy irresponsable. En los últimos días han
frecuentado bares, restaurantes, parques, jardines, etc., por eso en su
discurso hizo hincapié en “medidas coercitivas”, para castigar a los
“irresponsables”.

Nada de ir a partidos de futbol, a conciertos masivos, a
cines, al teatro y menos a las terrazas de los cafés. No ir a los almacenes de
compras, a las baratas de fin de temporada, ni tampoco a cenas y reuniones
familiares.

Solamente, y siempre y cuando se presente un justificativo,
se podrá ir a una reunión urgente de trabajo, de compras para alimentos o por
motivos de salud, especialmente para personas vulnerables.

De una manera excepcional, se permitirá pasear al perro o ir
a comprar “la baguette”, a la panadería más próxima. Todas las personas que
salgan deberán justificar el motivo, de lo contrario deberán pagar una multa de
38 euros, que podrá cambiar de un día para otro por 135  euros. “La palabra de orden es más que clara:
¡quédense en su casa!”.

Según el diario Le Figaro, este confinamiento tan estricto
está causando varios divorcios: “Cohabitar 24 horas sobre 24 horas, cuando la
pareja no tiene la costumbre, puede crear un conflicto…”. Además, para
muchos, el confinamiento provoca ansiedad, depresión, insomnio y frustración:
“Los días se hacen larguísimos, vivo sola en un departamento de 20m2. Si no
encuentro una ocupación, me voy a dar un tiro en la cabeza”, dice Corinne G. En
cambio a François K el confinamiento le viene como anillo al dedo: “Por las
mañanas jugaré a Scrabble y Monopoly, y para la tarde, películas e internet”.
Para Henri T. estos días de confinamiento los encuentra maravillosos: “Por fin
leeré ‘En Busca del Tiempo Perdido’ de Proust”.

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