El Mañana

martes, 12 de noviembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

En su día libre

19 octubre, 2019

La besó en el cuello. La besó en los hombros. Llenó con sabios ósculos la ebúrnea copa de sus senos. Besó también su vientre, anunciador del cercano paraíso. Luego se inclinó como vasallo ante su reina y le besó los albos pies. Fue luego con sus ardientes labios a las rodillas y a los muslos, y por último cubrió de besos el florido campo de su mons veneris. “¡Indejo! -exclamó Babalucas al ver al galán de la película francesa hacer todo eso-. ¡El güey no sabe que los besos se dan en la boca!”… Doña Jodoncia le dijo a don Martiriano: “El mes próximo vamos a cumplir 25 años de casados. ¿Qué haremos?”. Propuso él con timidez: “¿Guardamos un minuto de silencio?”… Ya conocemos a Jactancio P. Tulante: es un sujeto vanidoso y engreído. Hace unas noches estuvo con una linda chica en la habitación 210 del popular Motel Kamagua. Al terminar el trance le preguntó a la muchacha: “¿Disfruté yo tanto como disfrutaste tú?”… Lord Feebledick llegó a su finca rural después de jugar en el club la partida semanal de whist, y encontró a su mujer en ilícito concúbito con Wellh Ung, el lacertoso jayán encargado de la cría de los faisanes. “¡Hideputa! -clamó contra el verraco usando una palabra que aprendió en su viaje a España-. ¡Y en horas de trabajo!”. Opuso el mancebo: “Con el mayor respeto, milord, me permito recordarle que hoy es mi día libre”… “Vi a tu esposa besándose en el jardín con un sujeto”. Eso le dijo a don Chinguetas un amigo. Preguntó él: “¿Era un tipo alto, moreno, de bigote?”. “En efecto, así es, sí, efectivamente, es cierto” -confirmó el amigo, que en todo era redundante menos, al decir de su esposa, en lo tocante al acto conyugal-. “Es el jardinero -le informó don Chinguetas-. Ése agarra hasta puñaladas”… El joven reportero le comunicó a su jefe: “Un terremoto destruyó la ciudad de Zskbrptljgqzctbmnlj”. Le ordenó el hombre: “Averigua cómo se llamaba la ciudad antes del sismo”… Nalgarina le preguntó a su amiga Pomponona: “La primera vez que tuviste sexo ¿lo hiciste por amor o por dinero?”. “Debe haber sido por amor -ponderó ella-. El tipo me dio 50 pesos, y eso no es dinero”… La señorita Peripalda, catequista, tenía un perico, según antiguo uso de las mujeres que a cierta edad aún no se habían casado, y que por eso eran llamadas “cotorronas”. El tal loro era hablador, tenía un vasto catálogo de maldiciones, de modo que cuando el padre Arsilio llegaba a merendar a la caída de la tarde la señorita Peripalda cubría la jaula del perico con un lienzo oscuro para que creyera que era ya de noche, se durmiera y no dijera sus malas razones. Cierto día el señor cura, en vez de ir a merendar, llegó a desayunar. La catequista le tapó la jaula al perico. Y dijo éste con enojo: “¡Qué inche día tan corto!”… Quien tenga escrúpulos morales no debe leer el cuento que cierra hoy el telón de esta columnejilla. Lo leyó doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y sufrió un repentino accidente de pénfigo: le salieron ampollas en la región glútea, y es fecha que no puede sentarse. La ilustre dama se ve en la penosa necesidad de dormir en decúbito prono, vale decir bocabajo. He aquí el citado chascarrillo. Las personas con criterio estricto harán muy bien en no posar en él los ojos… Un individuo se divorció de su mujer y poco tiempo después se topó en la calle con el hombre que se casó con ella. Le preguntó, burlesco: “¿Qué se siente ocupar un departamento que ya antes fue ocupado?”. “No se siente nada -repuso el otro-, sobre todo tomando en cuenta que sólo dos pulgadas habían sido ocupadas, y todo lo demás estaba sin estrenar”… FIN.