El Mañana

miércoles, 26 de junio de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

En un bar de Las Vegas

1 junio, 2019

El sheriff del pueblo llegó a su casa en altas horas de la noche luego de una larga jornada de trabajo. Se desvistió en la oscuridad de la alcoba y se metió en la cama. En eso su esposa le dijo con acento quejumbroso: “Me duele la cabeza. Ve a la droguería y tráeme unas píldoras para la jaqueca”. A regañadientes el sheriff se vistió de nuevo, fue a la botica y le pidió al apotecario las pastillas. Al hacerlo le preguntó: “Oiga: ¿por qué algunas esposas son tan necias?”. Contestó el droguero: “No lo sé. Pero permítame a mí otra pregunta: ¿por qué trae usted el uniforme del jefe de bomberos?”… Doña Jodoncia y don Martiriano regresaron al domicilio conyugal después de una cena con amigos. Tan pronto entraron en la casa la feroz señora agarró por las solapas a su asustado marido y poniéndolo violentamente de espaldas contra la pared le gritó en la cara hecha una furia: “¡Imbécil! ¡Mequetrefe! ¡Idiota! ¡Estúpido! ¡Gusano vil! ¿Por qué no me apoyaste cuando dije que las mujeres vivimos en una sociedad dominada por los hombres?”… El sultán descubrió que su hijo mayor se entregaba al placer solitario. Preocupado, llamó al eunuco de su harén y le ordenó que le asignara al chico una odalisca que lo quitara de hacerse justicia por su propia mano. Días después el sultán se asomó a la alcoba del muchacho. Quedó desolado al ver que seguía en lo mismo. “¡Pero Osmán! -le dijo en tono lamentoso-. ¿Acaso no te regalé a la más hermosa de todas mis mujeres?”. Contestó el joven pajero: “Sí, padre. Pero ya se le cansó el brazo”… Don Geroncio, nonagenario caballero, acudió a la consulta del doctor Ken Hosanna y le informó con tono lastimero: “Doctor: no puedo mear”. Preguntó el médico: “¿Qué edad tiene usted?”. Respondió el afligido señor: “90 años”. Le indicó el facultativo: “Pues ya meó bastante ¿no?”… Himenia Camafría, madura señorita soltera, sintió un día la necesidad de que un hombre la acompañara en el camino de la vida. Ni su gato el Quiri ni su periquita Daisy eran ya suficiente compañía para aliviar su soledad. Así, publicó un anuncio en el periódico: “Busco marido”. El mismo día recibió 452 mensajes: “Ven por el mío”… En un bar de Las Vegas un tipejo chaparro, flaco, escuchimizado, cuculmeque y desmedrado trepó a una mesa y gritó a voz en cuello: “¡Todos los habitantes de California son unos indejos, pelotudos, uñeteros, pránganas, pajoleros y pújiros!”. (En lenguaje del hampa de la CDMX esta última palabra significa sodomita). Estaban en el local varios californianos, y no dijeron nada. El chaparro se levantó los pantalones al modo de Clavillazo y continuó: “¡Los de Nevada son iguales!”. Bastantes de ese estado se encontraban ahí, pero sabían que los pleitos ahuyentan al turismo, de manera que también callaron. Engallado por la falta de respuesta prosiguió el flacucho: “¡Peores son los Arizona, Utah, Colorado y Oklahoma!”. (Iba de poniente a oriente el mentecato). No faltaban entre la concurrencia quienes provenían de esas entidades de la Unión Americana, pero temerosos de verse envueltos en un lío dejaron que el tipejo siguiera vociferando. Baladró el fulanillo: “¡Y los de Texas son todo eso y más!”. Ahí fue el acabose. Bebía en la barra un texano que al oír aquello se puso en pie. Medía más de seis pies, y pesaba 130 kilos (150, con botas). Fue hacia el majadero y de una sola trompada entre quijada y oreja lo lanzó al otro extremo de la barra, que no era nada corta, pues tenía 16 metros de largo. Quedó tendido en tierra el lacerado, aturdido y echando sangre por todos los orificios naturales de su cuerpo. Acudió el cantinero y lo ayudó a levantarse. “¿Ya ve, amigo? -le dijo condolido-. Eso le pasa por insultador”. “No fue por insultador -lo corrigió el sujeto-. Lo que pasa es que abarqué demasiado territorio”… FIN.

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