El Mañana

viernes, 20 de septiembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

En un caballo blanco

18 junio, 2019

Nadie que tenga escrúpulos de moralina debe leer el inverecundo cuento que descorre hoy el telón de esta columnejilla. Lo leyó doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, y al punto le sobrevino un desarreglo estomacal que su médico de cabecera hubo de tratarle con pastillas de cachunde y una permistión de té de suelda, istafiate, cenizo y gordolobo. Quien no quiera exponerse a un accidente igual sáltese en la lectura … Una bella mujer acudió a la consulta de un médico y le dijo que le habían aparecido en la cara interna de los muslos unas como rozaduras o laceraciones que la tenían bastante preocupada. Después del correspondiente examen el galeno le indicó: “Su problema desaparecerá con una navaja de afeitar”. “¿Para depilarme?”, inquirió ella. “No -precisó el facultativo-. Para su novio”. (No le entendí)… La nuera le comentó a su suegra: “Su hijo es muy romántico, señora. Dice que mis besos son el único alimento que necesita”. Acotó la suegra: “Con razón está tan flaco”. Aclaró la muchacha: “No son los besos la causa de su flacura. Lo que lo tiene así es el postre”… En el hospital el paciente le contó a su amigo: “Antes de mi operación la enfermera me hizo sentir muy mal. Empezó a decir: ‘No esté nervioso; tranquilícese; todo va a salir bien’”. “¿Y eso te hizo sentir mal? -se sorprendió el amigo-. Antes deberías estar agradecido con ella por decirte eso”. Respondió el otro: “No me lo decía a mí. Se lo decía al cirujano”… Babalucas le anunció a su esposa: “Voy a vender este martillo. Pediré por él 5 mil pesos”. Le dijo la señora: “Permíteme antes engrasar el mango”. Preguntó con extrañeza el badulaque: “¿Para qué?”. Explicó la señora: “Porque te van a decir que te lo pongas ya sabes dónde”… Con anheloso acento el recién casado le pidió a su flamante mujercita: “¡Desvístete!”. Contestó ella: “Espera un poco, por favor. Espera”. “¡Anda! -insistió él lleno de ansiedad-. ¡Desvístete!”. “Espera -repitió la muchacha-. Ten paciencia”. “¡Desvístete, por favor! -volvió a suplicar el ardiente galán-. ¡Ya somos marido y mujer!”. “Sí -admitió ella-. Pero todavía estamos en el atrio de la iglesia”… Don Poseidón, labriego acomodado, fue a visitar a sus sobrinos en la gran ciudad. Después de pasar un par de días con ellos, cansado del bullicio de la urbe y con nostalgia por la quietud de su terruño, les comunicó su decisión de marcharse al día siguiente. Los muchachos le pidieron que se quedara por lo menos el fin de semana. Le dijeron: “El carnaval empieza el sábado, tío. Quédate a ver el desfile. Va a salir una muchacha desnuda montada en un caballo blanco”. “Detesto esas inmoralidades -manifestó, severo, don Poseidón-. Pero está bien, me quedaré. Hace mucho que no veo un caballo blanco”… La paciente le dijo al doctor Duerf: “Soy dibujante industrial. Quizá por eso me ha dado por creer que soy compás”. Respondió el analista: “Extraño caso el suyo que estudiaré con el mayor cuidado. Pero para no distraerme hágame usted el favor de cerrar las piernas”… FIN.