El Mañana

lunes, 16 de septiembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

En un minuto, casi como cien preguntas

1 mayo, 2019

Una y otra vez brincaba para tocarle su mano, le sacude repetidamente su pantalón, así logra que de momento detenga su marcha, y voltea a verlo hacia arriba, muy arriba pues se le hacía demasiado alto, al fin llama su atención y aprovecha para decirle de una forma apresurada que no entiende esto, ni mucho menos lo otro, que le explique de esa vida que sí mira mucho, pero que aún conoce poco, en fin, comienza esa niña hacerle a su padre y de puntas en un minuto, casi como cien preguntas.

Mas sin embargo y entendiendo y bien los procesos de este mundo en sociedad, los cuales se deben respetar, el padre de familia y de una manera por demás serena y comprendiendo a su retoño, le indica que como niña pequeña aún no debe preocuparse por los asuntos ajenos ni de la vida de los mayores.

Muchos han de recordar que en otras épocas a los niños y niñas cuando alguna visita iba a llegar a la casa, se les indicaba y anticipadamente que no podían estar ahí en esa reunión familiar, de amistad; por lo que se les ordenaba que permanecieran en sus cuartos, o se fueran lejos a jugar al patio, ya que era considerado como una falta de respeto el estar enterándose o escuchando la conversación de la gente adulta.

Por igual se tomaba como una mala costumbre el que los y las menores de edad, se encimaran o se colocaran por la espalda de esa persona que cómodamente estaba en su silla o sillón leyendo alguna entretenida revista o periódico noticioso, de hacerlo, de inmediato se les reprendía, pues aparte de ser incómodo, se evitaba al máximo que los niños y niñas se enteraran por medio de ese tipo de lectura de cosas tristes o malas.

Incluso los padres de familia de antes, tenían y mucho cuidado de que sus pequeños hijos e hijas no vieran programaciones con alto contenido violento o sexual, el noticiero de la noche, era tema, aunque increíble que hoy parezca, por demás prohibido, por lo mismo y de inmediato se les enviaba a la cama, al contener en su mayoría episodios llenos de guerras, muertes y similares actitudes violentas.

Hoy y desafortunadamente muchos padres y madres de familia, quizás por el mismo ajetreo de la vida, al trabajar ambos, o que por necesidad se deja a los niños y niñas en hogares ajenos, distintos, con hermanos, hermanas o abuelos, esto permite que esos menores tengan esa libertad de escoger, de mirar a través de los distintos medios de comunicación esa “vida” que a los niños y niñas de antes se les negaba explorar.

Así los teléfonos celulares, con múltiples funciones, tabletas, computadoras, el internet, está creando en ellos y ellas ese “despertar” tempranero, al ver que por medio de estos instrumentos electrónicos, se están creando generaciones no de “preguntones” sino de “respondones” que creen al tener esa tecnología en la mano el saberlo y en un segundo todo, provocando en su vida ya de adultos o jóvenes a falta de esa experiencia, y por sus precipitaciones, infinidad de equivocaciones.

Por supuesto que no se trata de ninguna manera de prohibirles o limitarlos del vasto conocimiento que se adquiere o se genera a través de la nueva tecnología, sino más bien el tener ese cuidado, esa precaución, esa atención hacia esa parte vulnerable de la sociedad; así no “robarles” a través de esas prematuras autorizaciones, consentimientos o libertades, a esos niños y niñas ese su preciado momento de su vida, ese su lento despertar, esa su infancia, esa para ellos y ellas su necesaria inocencia.