El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

26 agosto, 2020

Érase una vez en Italia



La semana pasada, en uno de los periódicos de difusión nacional, encontré una nota con un encabezado que llamó fuertemente mi atención: “Padres no tienen obligación de mantener a hijos adultos, resuelve Italia”. Esta situación fue comentada a raíz de la querella que interpusieron unos padres ante un hijo de 35 años y maestro de música, que los obligaba a mantenerlo ya que su sueldo era insuficiente.

“Los hijos adultos deben buscar un trabajo que les garantice un modo de vida independiente. Finalizados los estudios de bachillerato o superiores, el hijo deberá buscar trabajo. La pensión alimentaria de los padres tiene una función educativa, no es un seguro”. Esto fue lo que determinó la Suprema Corte de Justicia.

El encargado de la nota del periódico no pudo resistir a la tentación de comentar: “¡Imagínate si la medida se aplicara en México!”.

¿Cuál es la situación en México? Según los datos que aporta De la Hera Democtenia, los nacidos entre los 80 hasta el 95, el 47% estudian y de éstos, el 75% recibe apoyo de sus familias. El 63% reconoce que vive con sus padres, lo cual no incomoda al 40% de los encuestados.

Si bien, son muchos los que abandonan sus hogares, más por rebeldía o una independencia para la cual, aún no están preparados, no es extraño que muchos de nosotros podemos constatar el aumento de conflictos entre hijos adultos y sus padres, que quieren seguir disfrutando privilegios de menores de edad, pero sin las responsabilidades correspondientes a su edad. “Un hijo necio es la tristeza de su madre”, dice un antiguo refrán.

La conducta de los hijos mayores es la suma de las maneras en que fue educado. Es obvio que sus limitaciones no siempre sean por culpa de sus padres.

“¡¡Irresponsables desnaturalizados!! -opinaba un lector ante la nota-. A veces puede ser que los mismos padres tienen la culpa de ello, pero de verdad que a cierta edad, por sensatez, te apiadas y te largas o si te quedas, aportas para ayudar. La generación de inútiles que crecieron con sus ‘derechos de los niños’ (no les pegues, no les grites, no les exijas porque se trauman) dando frutos de su ruindad en toda su potencia”.

Hace unos años, en un documento sobre la familia, el Papa escribió:

“Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía. Sólo así ese hijo tendrá en sí mismo los elementos que necesita para saber defenderse y para actuar con inteligencia y astucia en circunstancias difíciles. Entonces la gran cuestión no es dónde está el hijo físicamente, con quién está en este momento, sino dónde está en un sentido existencial, dónde está posicionado desde el punto de vista de sus convicciones, de sus objetivos, de sus deseos, de su proyecto de vida. Por eso, las preguntas que hago a los padres son: ¿Intentamos comprender ‘dónde’ están los hijos realmente en su camino? ¿Dónde está realmente su alma, lo sabemos? Y, sobre todo, ¿queremos saberlo?
“Si la madurez fuera sólo el desarrollo de algo ya contenido en el código genético, no habría mucho que hacer. La prudencia, el buen juicio y la sensatez no dependen de factores meramente cuantitativos de crecimiento, sino de toda una cadena de elementos que se sintetizan en el interior de la persona; para ser más exactos, en el centro de su libertad. Es inevitable que cada hijo nos sorprenda con los proyectos que broten de esa libertad, que nos rompa los esquemas, y es bueno que eso suceda. La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en las encrucijadas con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin recortes que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don inmenso”.

Hasta aquí lo dicho por el Papa. Muchas de las grandes tragedias que hoy sufren las familias, pudieron ser evitables. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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