El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Érase una vez en Saltillo

12 julio, 2019

Don Acisclo les contó a sus amigos: “Mi esposa no había podido encargar familia, pero ya está esperando, gracias al Señor”. Preguntó uno: “¿A cuál señor?”… Empédocles, Astatrasio y Briagoberto bebían en la cantina. Pidió Empédocles: “A mí dame un mezcal y a éste sírvele un tequila. Al que está tirado en el suelo no le sirvas nada: él es el que maneja”… El juez de los divorcios le indicó a la mujer: “Los hijos pasarán la mitad del tiempo con usted y la otra mitad con su ex marido”. “¡Eso no es justo! -protestó la señora-. ¡Ninguno de los cuatro es de él!”… En pleno invierno Babalucas le anunció a su esposa: “Voy a vender helados y paletas”. Ella se asombró: “¿Con este frío?”. Replicó el badulaque: “Me pondré suéter”… Llegó el recién casado y su mujercita le preguntó: “¿Cenamos o lo otro?”. “Lo otro -respondió el muchacho-. Pero después cenamos, ¿eh?”… Don Chinguetas y doña Macalota fueron de pesca en las vacaciones. Alguien llegó a buscar a don Chinguetas en su cabaña. “No está -le informó doña Macalota-. Pero vaya usted al río. Verá una caña de pescar que tiene un gusano en cada extremo. El de este lado es mi marido”… Otro de pescadores. La joven señora de voluptuoso aspecto y profusos encantos naturales charlaba con su amiga. Le contó: “Mi esposo me deja sola los fines de semana. Se va de pesca con sus amigotes”. Preguntó la amiga: “¿Y por lo menos pesca algo?”. “Casi nunca -replicó la bella mujer-. Pero yo siempre pesco algo”… Doña Frigidia, ya se sabe, es la mujer más fría del planeta. Una vez fue a ver la película “Volcán”, y la lava se congeló en la pantalla. Cierto día su marido le aconsejó: “Mantén siempre juntas las piernas. Creo que si las abres se te prenderá un foquito, como a los refrigeradores”… Mi esposa y yo acabamos de restaurar una casona antigua en el más tradicional barrio de Saltillo: el Ojo de Agua. Hicimos poner en ella un mural de azulejos con los nombres de ilustres saltillenses nacidos en sus calles. Entre ellos está el de don Perfecto Delgado, hombre con plácida gordura de canónigo, panadero de oficio y militante fidelísimo del PRI cuando el PRI era todavía el PRI. Solía decir él: “Soy una contradicción viviente: ni soy perfecto ni soy delgado, y aunque pertenezco al PRI vivo del pan”. Orador popular, en cierta ocasión estaba haciendo la presentación del candidato a Alcalde: “Es hombre honrado -decía-. Muy pocas veces ha sido acusado de robar”. En eso alguien le entregó una tarjetita. Sucedió que un día antes el dicho candidato, eufórico por haber logrado la candidatura se puso, como dicen, hasta el gorro en el Jockey Club, cantina de gran fama. En estado nada estable salió de la taberna a la hora en que la banda municipal tocaba las primeras notas de la serenata de los jueves en la Plaza de Armas. El candidato, trepado ya en la cumbre del poder, le ordenó al director del conjunto que lo siguiera con sus músicos, y a los acordes del corrido de Rosita Alvírez se metió con ellos al recinto de mayor timbre y nota en la ciudad: el Casino. Eso escandalizó a los ricos de Saltillo, que ipso facto formaron una comisión a fin de presentar su queja ante el Gobernador. De inmediato el señor ordenó la remoción del candidato -ni el Papa podía en aquel tiempo con los ricos de Saltillo-, y fue entonces cuando don Perfecto Delgado recibió en medio de su peroración la tarjeta en que se le avisaba que Fulano ya no era el candidato: ahora era Mengano. Sin turbarse el orador dijo a la concurrencia: “¿Ya ven ustedes lo bueno que es este candidato? ¡Pos tenemos otro mejor!”. Y así diciendo procedió a hacer el elogio del recién nombrado… FIN.