El Mañana

martes, 12 de noviembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

‘¡Es mi marido!’

20 octubre, 2019

Con mujer casada se estaba refocilando Libidiano en el propio domicilio de la dama. De pronto sonaron grandes golpes en la puerta de entrada. “¡Mi marido! -empalideció la esposa-. Seguramente olvidó la llave. Él es quien llama”. Arreciaron los golpes. “Tendré que abrir -dijo la mujer-. De otra manera Fortino tumbará la puerta de un puñetazo. Y que no te vea porque te matará”. Temblando como azogado, Libidiano se escondió tras las cortinas así como estaba, sin otra cosa sobre sí que un asperges de loción de rasurar. Tardó poco en regresar la pecatriz. Le dijo a Libidiano muy contenta: “No era mi marido. Era tu esposa. Mírala”… Usurino Matatías, el hombre más avaro y ruin de la comarca, tenía un sobrino tarambana y gastador. Un día el muchacho se le presentó y le dijo: “Tío: necesito que me preste 10 mil pesos”. Respondió el cicatero: “No oigo bien por este oído. ¿Qué dijiste?”. En el otro oído le gritó el sobrino: “¡Qué necesito que me preste 100 mil pesos!”. “¡Ah caón! -se asustó don Usurino-. ¡Pásate otra vez a la oreja de los 10 mil!”… Don Chinguetas le contó al traumatólogo: “Fui a una casa de mala nota, y cuando iba al cuarto con una de las mujeres me caí y me lastimé una pierna. A duras penas pude levantarme”. Inquirió el facultativo: “¿Y cojeó?”. “No, doctor -respondió don Chinguetas-. Con el dolor ya ni me acordé”… Pepito tenía 3 añitos, y un día se observó su pipicita. Le preguntó a su mamá: “¿Esto es mi cerebro?”. Respondió la señora: “Todavía no”… Narciciano era un hombre vanidoso, pagado de sí mismo, presuntuoso, fatuo, alabancioso, petulante, orgulloso y fanfarrón. Estuvo con Florilí en el cuarto 110 del Motel Kamagua, y al terminar el consabido trance le hizo una pregunta: “¿Te gustó?”. Contestó ella lo que en automático responden todas las mujeres cuando el inseguro varón les pregunta eso: “Sí”. Narciciano la amonestó, severo: “¿Y qué dice en estos casos una niña bien educada?”. (¡El majadero quería que la muchacha le diera las gracias! ¡Habrase visto mayor necio!)… Don Mercuriano, comerciante, tenía ya 97 años de edad, y se enteró de que su nieto Pitorro iba a viajar a cierto país de Oriente. Le preguntó: “¿A qué diablos vas tan lejos?”. Explicó el muchacho: “En ese país puede uno comprarse una odalisca por 50 dólares. Voy a traerme una”. “¡Tráeme otra a mí!” -pidió con ansiedad don Mercuriano-. “Pero, abuelo -sonrió Pitorro-. A su edad ¿para qué quiere usted una odalisca?”. Declaró el veterano comerciante: “¡Pa’ revenderla, indejo!… El pequeñito le preguntó a su mami: “¿Quién es el sexo fuerte y quién el sexo débil?”. “Bueno, hijito -respondió la madre-, en esta casa tu papá es el sexo débil. Una vez al mes cuando mucho, y eso si bien me va”… El pueblo fue sitiado por el ejército enemigo. El capitán de la fuerza que custodiaba el lugar les dijo a sus soldados: “Podemos resistir, muchachos. Tenemos en abundancia todos los artículos de primera necesidad: barajas, dados, cigarros, vino, chavas…”… Himenia Camafría, madura señorita que rondaba la cincuentena, le comentó a su amiguita Celiberia, también soltera de edad igual que ella: “Ya me cansaron las llamadas telefónicas obscenas”. Celiberia se sobresaltó: “¡No me habías dicho que estás recibiendo llamadas telefónicas obscenas!”. “No -aclaró la señorita Himenia-. ¡Yo las estoy haciendo!”… FIN.