El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

Jorge Ramos Ávalos
Artículo Jorge Ramos Ávalos

¿Es Trump un racista?

22 enero, 2019

¿Crees tú que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un racista? Aunque incomode, ésta es una pregunta que todos debemos responder. Pero, particularmente, los republicanos y los que votaron por él.

Si la respuesta es ‘sí’, entonces ellos están obligados (moralmente) a hacer algo al respecto.

Todo esto surge por el castigo impuesto al congresista republicano Steve King. En una entrevista con The New York Times, King dijo lo siguiente:

“Nacionalistas blancos, supremacistas blancos, la civilización occidental, ¿en qué momento ese lenguaje se convirtió en ofensivo?”. Basta decirle al congresista que esas palabras se convirtieron en ofensivas cuando nacionalistas y supremacistas blancos, en nombre de su raza, ocasionaron la muerte de millones de personas durante el Holocausto y hoy, todavía, son responsables de muchos ataques.

En 2017 había 121 grupos neonazis y 72 de supremacistas blancos en Estados Unidos, según el Southern Poverty Law Center. King, quien tiene una larga historia de declaraciones racistas -y que alguna vez dijo que hay inmigrantes “con pantorrillas del tamaño de melones porque llevan 75 libras de mariguana por el desierto”- no fue expulsado del Congreso. Pero perdió su puesto en todas las comisiones de la Cámara de Representantes y muchos colegas están pidiendo su renuncia. Ése fue su castigo.

¿Debe un Presidente ser castigado igual que un congresista? Si King fue castigado debido a sus opiniones racistas, ¿se debería juzgar de la misma manera a Trump, quien también ha hecho comentarios racistas?

Cuando el periodista Anderson Cooper le preguntó en el programa “60 Minutes” a la nueva congresista Alexandria Ocasio-Cortez si Trump era un racista, su respuesta fue inequívoca: “Sí, sí. No hay duda”, dijo.

Luego, en su cuenta de Twitter @AOC, la congresista de 29 años de edad -la más joven en la historia del país- fue mucho más específica: “El Presidente defendió a los Neo-Nazis que mataron a una mujer en Charlottesville. El Departamento de Justicia lo demandó por no rentarles (propiedades) a inquilinos negros. Lanzó su campaña (presidencial) llamándoles ‘violadores’ a los mexicanos. Prohibió la entrada de musulmanes. El Presidente es un racista. Y esto te debe hacer sentir incómodo”.

Trump, efectivamente, inició su campaña por la Casa Blanca en junio del 2015 diciendo esto sobre los inmigrantes mexicanos: “Cuando México envía a su gente, no envía a los mejores… Está enviando gente con muchos problemas… Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas”.

Ése es un comentario abiertamente racista. Pero hay más. En el 2016 el actual Presidente sugirió que el juez Gonzalo Curiel, quien había sido asignado a un juicio sobre la Universidad Trump, no podía hacer bien su trabajo y ser imparcial debido a su herencia hispana. Trump explicó en una entrevista con CNN cuál era, desde su punto de vista, el conflicto de interés: Él quería construir un muro con México y el juez Curiel era “de origen mexicano”.

Ésa es una de las peores consecuencias del racismo: creer que alguien no puede hacer bien su trabajo debido a su origen racial o étnico. Y eso es lo que dijo Trump. (Basta aclarar que el juez Curiel, de padres mexicanos, nació en Indiana).

A pesar de estos dos ejemplos concretos de expresiones racistas por parte de Donald Trump y de las acusaciones de la congresista Ocasio-Cortez, entre muchas otras, el Presidente no se considera a sí mismo un racista. “Soy la persona menos racista que tú hayas conocido”, le dijo en una entrevista de televisión a finales del 2015 al periodista Don Lemon.

Es imposible meterse en la cabeza de Trump. No sé lo que hay ahí dentro. Pero sí sé lo que ha salido de su boca. Y lo que yo he escuchado son expresiones racistas.

¿Cómo se castiga a un Presidente que ha hecho comentarios así? Lo único peor que un político que expresa sus prejuicios sin vergüenza es un grupo que tolera, celebra y repite dicho comportamiento. Lo de Trump ya lo sabíamos hace mucho tiempo -desde el verano del 2015- y aun así más de 62 millones de personas votaron por él.

Pero todo cambia. El castigo a King es una señal importante. Es un grito de “¡basta ya!”. Ojalá no se quede ahí.

opinion@elnorte.com