El Mañana

sábado, 21 de septiembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Escuelas públicas ‘tatarabuelas’

23 agosto, 2019

Por lo visto, el próximo ciclo escolar para la ciudadanía de Nuevo Laredo será similar al de hace casi cien años, pues el sistema educativo les estará proporcionando en su mayoría las mismas añejas edificaciones en las que por generaciones los neolaredenses han estudiado; por lo mismo el alumnado estará “disfrutando” en instalaciones no de esa modernidad, sino de escuelas públicas “tatarabuelas”.

Cada uno de los centros escolares públicos en Nuevo Laredo, sobre todo las primarias cuentan con distintos aspectos que reafirman no tan sólo su antigüedad en sus construcciones, sino esa mentalidad que se tenía en el momento en que se construyó, ideó.

Así las más antiguas presentan trazos, rasgos propios de la época de la Revolución Mexicana, bien fortalecidas, construcciones altas con grandes pasillos y espacios, puertas y ventanas amplias.

Otras, denotan ese claro episodio vivido en cierta época de la república mexicana, por lo mismo marcan y bien ese estilo de escuela rural, forma que por muchas décadas se ha seguido construyendo, utilizando en el ramo escolar.

Las escuelas públicas setenteras vinieron a darle ese aire de modernidad, las edificaciones mucho más acordes, estilizadas a la vida que surgía a pasos agigantados, apegados grandemente a esa influencia extranjera, totalmente matizadas de la ciencia y tecnología.

Darle un recorrido, un repaso a tantas escuelas de esta frontera, en verdad que se daría constancia y de inmediato del triste aspecto que muchas de ellas presentan, el abandono, esa falta de elementos como alumbrado, pisos, árboles, bardas, banquetas son de éstas esa innegable etiqueta.

Ver, que lo mismo se aprecia en cuestión de escuelas públicas en la colonia Mirador, que, en la Hidalgo, en la Buenos Aires que, en la Matamoros o Palacios, similar es en la colonia Guerrero, Infonavit, Victoria, no se diga en el mismo Centro de la ciudad.

La escuela primaria Cuauhtémoc, presenta un boquete de grandes dimensiones provocado por un accidente vehicular, daño que nadie en meses se ha dignado a reparar.

La escuela Altamirano, ese enorme edificio no ha sido en su totalidad por muchos años al menos pintado, sus bardas, sus interiores como es el pequeño auditorio, el tiempo se ha encargado de cobrar la factura; por igual la escuela Revolución, la Vicente Guerrero, ni hablar de las enclavadas en Villas de San Miguel, su jardín de niños, un olvido total.

Calles adyacentes sin pavimentar, falta de señalizaciones para indicar, orientar tanto al automovilista como al peatón en tener en esa área precaución, son indicios de esa falta de atención.

Aunque increíble que parezca, en las escuelas más antiguas de Nuevo Laredo se siguen impartiendo clases en ellas, aun y sus edificios hayan rebasado ya sus años de seguridad estructural, la escuela Olivia Ramírez, la Miguel F. Martínez, la Miguel Hidalgo; a éstas ya no se sabe si considerarlas un orgullo, o una vergüenza que aún se sigan utilizando como escuelas y no como museos.

A todo esto, justo es cuestionar, en dónde se aplicaron esas grandes obras y proyectos dirigidos hacia el sistema educativo público de Nuevo Laredo por parte de la autoridad municipal en turno, pues sí que no se reflejan, no se ven por ningún lado.

A todo esto, justo es cuestionar, qué hacen entonces las autoridades educativas para combatir tanta necesidad, tanta pobreza en cuestión de instalaciones educativas públicas, dónde están las gestiones que han hecho, en dónde están registradas, de recibidas todas sus peticiones si es que se hicieron.

A todo esto, justo es cuestionar, cuándo será el día que se instale, se cree un nuevo modelo no de enseñanza educativa, sino de construcción de edificios más acordes a la vida moderna, climatizados, pavimentados, que cuenten con esa similitud, ese sello a nivel local, estatal, nacional como lo hacen otros países.

Dejar entonces ya a un lado esos añejos edificios con formas y estilos revolucionarios, rurales, a imagen de esa ya obsoleta tecnología; si no derrumbarlos, utilizarlos como bodegas, galerías, archivos.

Quizás para lograr esto, haga falta el promover jefes de departamentos educativos con mucha más visión, con mucho más empuje, así a través de ellos, de ese ánimo, provocar que las autoridades correspondientes los volteen a ver, cumplan sus promesas, los apoyen con sus necesidades y exigencias en estos aspectos.

De no hacer, lograr ni mover nada, entonces muy seguramente ante la mirada de la ciudadanía, ante la memoria de esos muchos maestras y maestros ya jubilados, ex directores, ex inspectores tan sólo y como una vergüenza se reflejarán, por seguir utilizando lo que ellos en su momento lograron a través de su trabajo, de su ánimo, de su gran empeño y esfuerzo.