El Mañana

lunes, 14 de octubre de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

Espíritu del 68

9 octubre, 2019

Desde que la ex Residencia Oficial de Los Pinos se convirtió en el Complejo Cultural Los Pinos, en sus 56 mil metros cuadrados, su espíritu ha cambiado por completo. Ahora se respira otra energía, otro ambiente y otros aires del tiempo, que ya no pertenecen al pasado, sino al presente.

Actualmente, esas espléndidas residencias, jardines, fuentes y árboles viejísimos ya no son de las familias de los ex presidentes, sino de la Nación y de cada uno de los mexicanos.

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Eso fue exactamente lo que sentí ayer, mientras me encaminaba, en medio de un ámbito paradisiaco, hacia la Sala Miguel de la Madrid, donde se presenta la exhibición “El Espíritu del 68”, del 2 de octubre que no se olvida, fecha que llevamos todos los mexicanos tatuada en nuestro corazón.

Cuando observamos detenidamente las más de 400 piezas, entre fotografías, carteles, panfletos, material hemerográfico y caricaturas, tenemos la impresión, gracias a la maravillosa curaduría de Rafael Barajas (“El Fisgón”) de viajar en el tiempo y de escuchar de nuevo, con dolor de estómago, la voz del ex presidente Díaz Ordaz, diciendo en su último Informe de Gobierno: “Estoy muy orgulloso de haber podido ser Presidente de la República y haber podido así servir a México. Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años es de 1968, porque me permitió servir y salvar al país”.

Qué buena idea tuvieron El Fisgón y Homero Fernández, director administrativo del Complejo Cultural Los Pinos, como parte de la exhibición (es gratis) poner la imagen del ex presidente, en la pantalla de un televisor, en la cual repite como loop: “Hemos sido tolerantes hasta extremos criticados, pero todo tiene un límite”.

Al escucharlo no sé qué sentía más, si dolor o rabia. Qué bueno que el límite para los priistas, autoritarios y corruptos por fin se acabó por completo. Qué bueno que ahora se les exhiba en las mañaneras, con nombre y señas, como lo que fueron, robaron y abusaron.

Y qué bueno que hoy por hoy los enormes salones de sus ex residencias de Los Pinos sirvan para difundir eventos que tienen que ver con la cultura y con la historia de México, incluyendo -porque de alguna manera pertenecen a la historia- aquellos episodios tan indignantes para nuestro país, como los ocurridos en la matanza de Tlaltelolco.

Cómo agradecerle a Carlos Monsiváis, a Arnulfo Aquino y a otros particulares, quienes facilitaron la mayor parte del material de la colección del Museo del Estanquillo, la cual nos permite una relectura de los antecedentes, escenarios que tuvieron que ver con los sindicatos y los triunfos de las luchas sociales.

“Es una reivindicación cultural e histórica de un movimiento que en su momento fue muy vilipendiado y con el tiempo terminó imponiendo sus ideales a la población mexicana”, dijo El Fisgón, el día de la inauguración (La Jornada).

La colección de litografías y linoleografías de Leopoldo Méndez nos llevan hasta las luchas campesinas y obreras del México posrevolucionario. “Es heredera del levantamiento de los ferrocarrileros liderados por Valentín Campa y Demetrio Vallejo en 1958, la protesta magistral dirigido por Othón Salazar ese mismo año y del movimiento médico de 1964-1965”.

Mucho tiempo me quedé frente a la fotografía de 1905, en color sepia, de Pablo Viau, que nos muestra la entrada de los miles de obreros a la fábrica de Río Blanco, la fábrica más grande del porfiriato. La huelga estalló el 7 de enero de 1907, suceso considerado precursor de la Revolución Mexicana. La cifra de muertos fue ocultada por el gobierno porfirista.

Las fotografías de Miguel V. Casasola de los donativos de ciudadanos a favor de la expropiación petrolera en el Palacio de Bellas Artes en 1938, no tienen desperdicio, así como las caricaturas de Eduardo del Río “Rius”, Abel Quezada, Alberto Isaac, incluyendo una fantástica de Carlos Fuentes.

De las Olimpiadas, se exhiben en esta colección muchas fotografías en blanco y negro de autores no identificados. En algunas de ellas vemos a Norma Enriqueta Basilio mientras enciende el fuego simbólico, en otra a los boxeadores olímpicos Antonio Roldán y Ricardo Delgado.

Las más estrujantes son, sin duda, las del 2 de octubre, aquellas que muestran los tanques y los soldados corriendo tras los estudiantes. En esta exposición no podían faltar los testimonios y fotos del Festival de Rock y Ruedas de Avándaro del 11 y 12 de septiembre de 1971.

Gracias a la Secretaria de Cultura, al Complejo Cultural y finalmente a Los Pinos de una época siniestra, con esta exposición se resucitó el verdadero Espíritu del 68.

gloaezatovar@yahoo.com