El Mañana

sábado, 20 de abril de 2019

Porfirio Muñoz Ledo
Bitácora republicana Porfirio Muñoz Ledo

Evaluación o auditoría

3 abril, 2019

Se debate hoy una reforma de gran calado al artículo tercero constitucional y con ello la definición misma del proceso educativo, que es la suma de varias acciones concurrentes: instrucción, enseñanza, aprendizaje e ilustración. Cada una debe ser analizada para entender el todo.

La primera referencia histórica que tenemos en nuestro país es el artículo 22 de la Constitución de Apatzingán, en el que se asienta “la instrucción, como necesaria a todos los ciudadanos, debe ser favorecida por la sociedad con todo su poder”. Es una declaración de guerra contra la ignorancia. No dice Estado, sino “sociedad”. Sugiere que todas las instituciones –públicas, privadas y sociales- contribuyen a la expansión del conocimiento, más allá de las escuelas. Éstas existen desde tiempos remotos, como guardianes de las tradiciones de la comunidad y de sus grandes creadores: dícese así, la cultura florentina o la escuela de Leonardo da Vinci.

Cuando la Colonia Española –que ahora está sometida a un nuevo debate- la educación de todo tipo fue religiosa. Por ello el propio Papa Francisco ha dicho que los conquistadores aprovecharon la fe religiosa para aniquilar y esclavizar a la población indígena. Apenas durante el dominio de los Borbones -al final de la dominación- se crearon dos instituciones laicas: la Escuela de Minería y la Academia de San Carlos.

Al despertar la Independencia no teníamos escuelas ni maestros. Valentín Gómez Farías en 1833, decidió abolir la educación colonial. Cerró los seminarios y creó los Establecimientos, que pronto se convertirían en los centros de investigación y enseñanza avanzada que apuntalaron a la Reforma.

Benito Juárez, nacido en 1806, y su generación fueron receptores de estos cambios. Si bien cursaron todavía el equivalente a la Primaria en las parroquias, tuvieron después acceso a los estudios superiores promovidos por la corriente liberal. Al triunfo de ésta en 1867, el gobierno planteó la educación laica, gratuita y obligatoria y asume la teoría evolucionista de Gabino Barreda que promete un México moderno surgido del mestizaje. Durante la dictadura porfirista, este modelo se prolongó.

El pensamiento de la Revolución Mexicana respecto de la cultura y la educación es acaudillado por José Vasconcelos. En la limitación de instituciones educativas y de un magisterio profesional, propone las brigadas culturales para que los ciudadanos de buena voluntad participen en la educación popular. También promovió las bibliotecas populares, la cultura escrita y la emergencia del arte nacional que se refleja en la Escuela Muralista.

Sin embargo, el número de profesores se siguió acrecentando independientemente de la demanda objetiva de sus servicios. Por añadidura, las organizaciones gremiales de los maestros penetraron y dominaron las decisiones educativas del país. Soy hijo de padres normalistas y testigo por tanto de una falsificación de valores. Los sindicatos, cualesquiera que sean, son los representantes del magisterio en los problemas laborales, pero no en los programáticos.

El Presidente López Obrador ha llamado “elefante reumático” al aparato burocrático. La Secretaria de Educación, relativamente, sería un “dinosaurio paralitico”. En la esfera federal, la SEP tiene el récord de ineficiencia, es el cuerpo de Estado más obeso y el que tiene más redundancia o confusión de responsabilidades.

México está ingresando a la modernidad. Es indispensable para ello revisar su estructura institucional antes de entrar a una discusión valida sobre la evaluación de los profesores y el desempeño escolar. Hay suficiente capacidad política para resolver estos problemas. Por desgracia, en materia educativa la clase gobernante ha renunciado a sus obligaciones por motivaciones electorales. Una reforma educativa exige la transformación de los sistemas de formación, capacitación y actualización de los maestros, pero a su vez el combate a las inmensas corruptelas que han mermado las capacidades de la autoridad educativa.

He dicho que prefiero una auditoría a una evaluación. Para dar un ejemplo: el 25% de las plazas educativas federales no son devengadas. Dije como ministro que la única institución en la que no funcionan las computadoras es la SEP y que nadie sabe a ciencia cierta qué hacen y dónde están los maestros; menos aún el desempeño educativo.