El Mañana

lunes, 21 de octubre de 2019

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Ferias de desempleo

19 septiembre, 2019

Cada vez que se hace una feria de empleo, acuden cientos de personas en busca de algo en su área de experiencia o estudios -especialmente los recién egresados-, o por lo menos bien remunerado con respecto a la responsabilidad o carga de trabajo, pero al final, casi la totalidad de los asistentes sale de ahí con las manos vacías.

Vacantes en la ciudad, hay muchas; en un recorrido por la ciudad es usual observar en tiendas de conveniencia, maquiladoras, empresas transportistas, etc., letreros donde se solicitan empleados, esos anuncios suelen verse desgastados de tanto tiempo que han estado colgados, sin que se hay podido cubrir las vacantes.

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Por citar un ejemplo, las maquiladoras hablan de mil 200 vacantes, las mismas que no se han cubierto, una proporción similar tienen los transportistas, todo esto por varios fenómenos.

Por un lado, el neolaredense ha encontrado un nicho en la informalidad del comercio que otorgan las redes sociales, desde quienes viven de comprar y vender celulares y ahora muchas personas han comenzado a ofrecer servicios de arreglos florales, repostería, venta de ropa y otros bienes, a tal grado que representa una competencia que los comerciantes establecidos consideran “desleal”, pues quienes operan por internet están por ahora exentos de impuestos, pago de sueldos a empleados, renta de local y otros gastos operativos, lo que se ve reflejado en los precios.

Este fenómeno ha provocado que los neolaredenses no consideren como viable tener horarios fijos y arduos -así como otras restricciones- por un sueldo menor a lo que perciben en sus actividades informales, todo por tener prestaciones de ley.

En el caso de los transportistas es un fenómeno que obedece más a que los operadores prefieren dedicarse a los viajes largos, que les remuneran mucho mejor, que sólo hacer cruces locales; por esta razón quienes se capacitan y comienzan haciendo esto último, terminan haciendo el “brinco” a los viajes mejor remunerados, lo que deja siempre las mismas vacantes.

El dilema en esto es que si los neolaredenses desprecian los empleos o si simplemente éstos no están bien remunerados, o ambos.

Mientras esto persista, esas vacantes continuarán por años.