El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

Jorge Santana
Desde el otro lado Jorge Santana

Firulais

16 febrero, 2019

Cuando era pequeño, al ver películas o leer sobre grandes ciudades como Nueva York y sus edificios enormes, me preguntaba ¿dónde entierran las personas a sus mascotas? Hileras de departamentos sin patio, edificios tan altos que no logras contar los pisos ¿dónde entierran a sus mascotas? me preguntaba hasta consternado. Crecí con un patio enorme minado con los restos de los animales que tuve la fortuna de llamar amigos. De un pato a un hámster, perros, una venadita, conejos, peces, en fin. Esa colección de vidas que van pegándose a nuestro frigorífico mental como imanes kitsch. Pensaba que tal vez utilizaban al Central Park para despedir a sus mascotas –debe estar lleno- me imaginaba con asombro. Por eso no me gustaban, no me gustan las grandes ciudades, porque no puedes tener patio, vives en un número sin alma, en una puerta igual que las demás puertas donde no hay señal de ti por ningún lado en su exterior, es como si no existieras. Me puse a investigar sobre el destino de los animales difuntos en Manhattan y la realidad es triste, no tan interesante como ese híbrido Central Park/Cementerio que imaginaba de pequeño. Resulta que abundan los crematorios para mascotas, donde por módicos 50 dólares puedes volver polvo a Firulais o al gato Félix. Ya con más austeridad o si lo tuyo es la jodidencia, la ciudad recomienda utilizar doble bolsa de plástico negra y marcarla con etiquetas amplias PERRO MUERTO, y dejarla con la demás basura como si fuesen los desperdicios de la fiesta locochona del viernes. Si son animales grandes, recomienda la ciudad de Nueva York, se utilicen más bolsas y cerrar todo con una cremallera industrial o dos. Pareciera que son instrucciones para que los capos de la mafia se deshagan del que no pagó su parte. En fin, sólo me dio curiosidad el destino de las mascotas en la gran manzana, y pues ahí está, en una bolsa de plástico en la acera afuera de una pizzería. Bien dicen que uno nunca sabe para quién trabaja. Ni modo lector, dicen que no nos queda de otra. jorgesantana1@gmail.com

Desde el otro lado Jorge Santana

Quisiera